11 razones para viajar a Portugal

17, 12, 2019

A veces no valoramos suficientemente las cosas porque las tenemos muy cerca. Son como más fáciles. Soñamos con destinos exóticos en la otra parte del mundo y nos olvidamos de lo que tenemos al lado. Eso pasa con Portugal.

Y, al mismo tiempo, tampoco nos damos cuenta de lo mucho que gusta fuera. No hay ninguna duda de que Portugal es un país que está de moda. Y no es solo por Cristiano Ronaldo o Salvador Sobral. Qué va. Y sino atención a todos los premios que ganó en 2019 en la 26ª edición de los World Travel Awards (los “Oscar del turismo”). Toma nota:

  1. Portugal ha ganado por tercer año consecutivo el premio al "Mejor Destino Europeo”
  2. Lisboa, por su lado, se ha llevado el galardón al “Mejor destino para una escapada urbana”
  3. Algarve se ha llevado el de “Mejor destino de playa”
  4. Y Madeira ha sido nombrada como “Mejor destino insular”.

Poca broma. Eso es lo que se llama “arrasar”. De todos modos, esos premios son la lógica consecuencia de muchos factores. A continuación, vamos a mencionar los 11 motivos que han convertido a este país en uno de los viajes que tenemos que marcar en nuestra lista para este 2020.


Uno, son vecinos

Con Portugal siempre hemos compartido muchas cosas. Historia, cultura, costumbres, gastronomía... Y también compartimos el mismo territorio, estamos viviendo en la misma península. Para decirlo de una manera gráfica, estamos puerta con puerta. Y, claro, el roce hace el cariño. Probablemente Portugal sea uno de los viajes más fáciles que existen para viajar desde España: no hay que recorrer mucha distancia, están aquí al lado.


Dos, es barato

Este es un buen motivo y probablemente tenga mucho que ver con el anterior. En cierto modo, debido a la escasa distancia, viajar a Portugal es como viajar por España. Puedes llegar en coche rápidamente. Eso hace que el gasto no se eleve excesivamente. Y si decides que es preferible ir en avión, existen muchos vuelos low cost tanto a Lisboa como a Oporto. Si buscamos opciones para viajar próximamente, volar a Lisboa es algo más barato que Oporto. Y luego, en general, vivir en Portugal es realmente económico. Por ejemplo, el alojamiento es de los más baratos de Europa.


Tres, recorrer Lisboa en tranvía

Seamos sinceros, Lisboa es una ciudad espectacular, tiene unos rincones llenos de encanto, pero no se puede negar que es complicada de visitar. Tiene 7 colinas en continuas subidas y bajadas. Pero aunque andar es muy saludable, lo ideal es coger uno de sus símbolos: el tranvía 28. Es una experiencia muy recomendable, puesto que te da una visión general de la ciudad, la velocidad a la que va es muy agradable, es un medio que no contamina el medio ambiente y pasa por la mayoría de puntos interesantes de Lisboa: el castillo de San Jorge y sus impresionantes vistas, el Barrio Alto, el barrio de Graça, Mouraria, La Alfama (la Catedral, la Rua das Escolas Gerais, el Largo das Portas do Sol, el mirador de Santa Luzia), Chiado y Madragoa. Se trata de subir y bajar cuando te interese.

Tranvía recorriendo Lisboa (foto de Robenson Gassant en Unsplash)

Cuatro, las playas del Algarve

Algarve está al sur de Portugal. Su capital es Faro, que se encuentra a una hora de Huelva y a dos horas escasas de Sevilla. Algarve significa “la tierra por donde no se pone el sol” y recorrer su costa es una pasada. Son 240 kilómetros de litoral repletos de amplias playas de arena fina, acantilados rocosos, cuevas y un servicio turístico muy generoso. Lo más aconsejable es coger el coche y ir de playa en playa, de chiringuito en chiringuito. Una de las más destacadas, es Praia da Marinha, considerada como una de las 100 más bellas del mundo (según Guía Michelin), y muy representativa de los que es está región del sur de Portugal.  Aguas verdosas muy limpias y rodeada de acantilados rocosos. Pero lo más impresionante son los dos arcos naturales que la fuerza del mar ha creado con el paso de los años.

Praia da Marinha, Algarve (foto de Cycling Man en Flickr)

Cinco, Oporto es Patrimonio de la Humanidad

La ciudad portuguesa del norte es sin duda Oporto, cuyo casco antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1996. Hay que dejarse llevar por su encanto. Es una ciudad perfecta para escaparse un fin de semana. La sugerencia es partir desde la calle Santa Catarina y Plaza de la Libertad, en la parte alta, e ir bajando despacio hasta la Ribeira, la parte baja. Sin prisa, sin pausa, aspirando el aire decadente, melancólico y genuino de Oporto. Hermosas iglesias, restaurantes tradicionales, tiendas antiguas, monumentos... impresionan también los 20.000 azulejos de la estación de ferrocarril Sao Bento, la librería donde J.K Rowling escribió la saga del mago Harry Potter, subir los 225 escalones hasta los 76 metros de altura que tiene la Torre de los Clérigos o catar el formidable vino Porto.

Sugerencia: si te decides por Oporto, no te pierdas esta escapada de "vuelo + hotel" a un precio inmejorable.

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Seis, crucero por el Duero

El río Duero nace en los Picos de Urbión, en España, y desemboca en Oporto, donde pasa a llamarse Douro. En este camino, el paisaje es fabuloso cuando atraviesa el valle del Douro, las montañas desbordadas por los viñedos, las quintas señoriales, pueblos medievales o miradores con esplendidas vistas. La visión del Portugal más genuino. El Duero tiene 897 kilómetros de longitud, con 572 en tierras españolas y 213 kilómetros navegables en Portugal, éstos últimos reformados con esclusas para permitir el paso de los cruceros. Hay varias compañías de cruceros, con base en Peso de Régua y Oporto. Hay breves trayectos por Oporto y alrededores, con almuerzo y cena a bordo, o bien travesías de dos o tres días surcando las aguas contracorriente por el norte de Portugal.

El Duero a su paso por Galafura, Vila Real en Portugal (foto de Antonio Sessa en Unsplash)

Siete, la meca de los surferos

A unos 50 kilómetros de Portimao, nos encontramos con la playa do Amado, salvaje cien por cien, pensada para amantes del viento y diseñada para surcar las olas con las tablas. Cuenta con un gran oleaje, pero es un paraíso cerca de la población de Carrapateira. La verdad es que se trata de un gran arenal, lo que permite que puedan unirse muchos bañistas sin molestarse. Sigue siendo un paisaje de colores rojizos y ocres, al que se desciende desde lo alto del acantilado por unas escalinatas. Por cierto, merece mucho la pena el paseo que hay entre las playas de Amado y Bordeira, de unos 9 kilómetros, ante unas vistas monumentales desde los miradores que te vas encontrando.

Praia do Amado, Portugal (foto de Manuel Ribeiro en Flickr)

Ocho, el alma está en Alentejo

Se habla mucho de Lisboa y de Oporto, pero en Portugal hay mucho más. No solo hay que buscar en el mar, hay que mirar también en el interior, donde casi siempre se concentra el alma de las cosas. El Alentejo, que significa “más allá del Tajo (el río)”, es una de las regiones más desconocidas del país aunque ocupa una tercera parte del mismo. Es como un secreto muy bien guardado. Vale la pena sumergirse en su esencia, atravesar sus dehesas, castillos, sus campos de alcornoques y olivos, su aire agreste, para acabar desembocando en las calas más salvajes del litoral luso. Pero, sobre todo, impactan sus pueblecitos con encanto: Evora, Arraiolos, Estremoz, Elvas, Marvao, Castelo de Vide, Monsaraz, Beja, Mértola, Serpa, Moura o Zambujeira do Mar.

Estremoz, Portugal (foto de Paulo Granja en Flickr)

Nueve, la Nacional 2 de punta a punta

Para los que se animen está la Nacional 2, 737 kilómetros que van desde Chaves a Faro, pasando por Alentejo o el Algarve. Es una ruta para contemplar, parar, comer y gozar del mejor destino del mundo... Es Portugal de cabo a rabo. Podríamos decir que es la ruta 66 americana pero en versión portuguesa. Pero esta carretera se transita fuera de las autopistas. Un recorrido ideal para descubrir la cultura y el paisaje más esenciales y auténticos de Portugal.


Diez, disfrutar comiendo

La gastronomía portuguesa está pensada para alimentarse, no para deleitar al viajero. Está sujeta a las costumbres de sus habitantes. Comen de todo. Bien, barato y en grandes cantidades. La materia prima, tanto la del mar como de la tierra, es excepcional, lo que hace que viajar por este país sea una delicia para el paladar. Vayas donde vayas, siempre hay un formidable plato en la mesa: bacalhau fresco o sardinhas asadas en un chiringuito, el tradicional sandwich Francesinha en Oporto, los arroces caldosos de marisco o en Lisboa los archiconocidos Pastéis de Belem (pastelillos de hojaldre y crema cubierto de azúcar y canela en polvo).

Pastéis de Belem (foto de Felix Kolthoff en Unsplash)

Once, escuchar un fado

Cuando viajamos casi siempre activamos nuestros sentidos de la vista, el sabor y el tacto, incluso el olfato, pero el oído no es tan habitual. En Portugal cuando escuchas un fado, canto típico portugués y la expresión musical del país, entiendes sus sentimientos, su manera de ver las cosas, su visión nostálgica de la vida. De hecho, es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Cuando viajes a cualquier punto de esta nación, no te puedes perder una actuación de Fado. Y si existe un barrio donde el fado sea algo más que música ése es Alfama. Podríamos decir que es el barrio más fadista de Lisboa. Hay que recorrer sus calles y ponerle un broche de oro a tu viaje a Portugal: el fado.

Mural dedicado al fado en la Alfama, Lisboa (foto de Howard Gadsby en Flickr)

Y ahora toca ponerse en marcha...

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