Guía básica de Lisboa: 11 recomendaciones para escaparse este otoño

01, 10, 2017

¿Cuándo ir a Lisboa? No hay que darle muchas vueltas al asunto: a Lisboa es aconsejable viajar siempre. Todas las épocas tienen su encanto. Junto con Madrid y Roma, la capital portuguesa es una de las ciudades más cálidas, estando muy influenciada por la corriente del golfo. Hay una media de 3.300 horas de sol al año y únicamente 100 días de lluvia. 


Sin embargo, desde aquí nos gustaría subrayar el placer de viajar en la época otoñal, entre octubre y noviembre concretamente. Ya se ha alejado el verano con sus turistas, el calor ya no es tan sofocante – tema importante si hay intención de callejear por sus empinadas cuestas– y los precios se reducen considerablemente, sobre todo los billetes de avión.

El clima es templado, agradable, y la luz proporciona colores muy vivos en otoño. Las temperaturas no descienden de los 14º C por la noche y llegan a 22º C por la mañana. Ideal.


Alojamiento

Lisboa no es una ciudad cara para dormir. Al contrario. Incluso los hoteles en las zonas más solicitadas, en el centro histórico –Barrio Alto, Baixa y Chiado o Alfama– no tienen tarifas muy altas, especialmente en otoño.

La verdad es que hay una gran variedad de opciones a escoger. Hay para todos los gustos y bolsillos. Desde los hoteles más sofisticados con restaurantes reconocidos a apartamentos equipados con todas las comodidades modernas, incluyendo cocina o terraza.

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Desayunar Pastéis de Belém

Puede que parezca un capricho, pero hay que comerse un Pastéis de Belém antes de marcharse de Lisboa sí o sí. De hecho, es un buen plan para empezar el día: un cafetito y un delicioso Pastéis de Belém. Para el que no lo sepa, se trata de un pastelillo de hojaldre y crema cubierto de azúcar y canela en polvo. Se puede comer en muchos sitios, pero lo suyo es ir a la confitería Pasteis de Belem, en Rua Belém, 84-92.

Actualmente se elaboran con una receta secreta celosamente custodiada bajo llave desde 1837. A inicios del siglo XIX, en Belém, junto al Monasterio de los Jerónimos, existía una fábrica de caña de azúcar. En 1834, con la Revolución Liberal, muchos conventos de Portugal fueron clausurados. Para subsistir, algunos miembros del convento pusieron en marcha un pequeño comercio anexo a la fábrica de caña de azúcar, donde preparaban los pastéis de Belém. Hasta hoy. De hecho, los cocineros que trabajan en la fábrica deben firmar un contrato de confidencialidad asegurando el secreto de la receta, la cual solamente se prepara en un cuarto exclusivo llamado por ellos la Oficina do Segredo”.

 

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Ruta histórica con el tranvía 28

Seamos sinceros, Lisboa es una ciudad maravillosa, pero no se puede negar que es complicada de visitar. Tiene 7 colinas en continuas subidas y bajadas. Es decir, que hay que estar en una magnífica forma física para descubrirla caminando (y tener mucho tiempo también). Pero aunque andar es muy saludable, lo ideal es coger uno de sus símbolos: el tranvía.

Existen muchas líneas, pero hay una que es famosa por su historia: el tranvía 28. Es muy aconsejable cogerlo puesto que se detiene en las visitas más imprescindibles de la ciudad: incluye el emblemático castillo de San Jorge y sus impresionantes vistas, el Barrio Alto, el barrio de Graça, Mouraria, La Alfama (la Catedral, la Rua das Escolas Gerais, el Largo das Portas do Sol, el mirador de Santa Luzia), Chiado y Madragoa. Se trata de subir y bajar cuando te interese.

Hay que tener en cuenta que el 28 no dibuja un trayecto circular, tiene dos direcciones y su precio por trayecto es de 2,85€. Si lo que buscas es utilizarlo como medio para moverte por toda la ciudad, realizando distintas paradas, puedes adquirir un bono de transporte diario por 4€.


Un poco de museo siempre sienta bien

Lisboa cuenta con más de 50 museos repartidos por la ciudad; para que te hagas una idea, en Madrid hay alrededor de 90. Siempre es interesante –si dispones de tiempo– pasearte por un museo y profundizar en el conocimiento de la ciudad. Algunos de los más populares en la capital portuguesa son el Museo del Diseño y Moda o el del Monasterio de los Jerónimos, pero aquí nos gustaría destacar el Museu Calouste Gulbenkian.

La colección del Museo Calouste Gulbenkian es una de las más grandes colecciones privadas de Europa. Su dueño, el magnate Calouste Gulbenkian, estuvo durante más de 40 años tras cada una de las piezas que se encuentran en el museo. Pasó sus últimos días en Portugal, y donó su colección al país cuando murió en 1955. Es un museo fascinante. Entre sus joyas hay pinturas de maestros holandeses, relieves egipcios, originales de Monet o piezas de René Lalique.


El mejor bacalao de la ciudad

Está claro que en un momento de tu recorrido, deberás parar. Es vital recargar energías. Hay que buscar un buen restaurante y comer el plato más solicitado de la ciudad: el Bacalhau, el bacalao. Un manjar. Lo cocinan tanto que dicen que conocen 365 formas de prepararlo –una por día, vamos– en ensalada, asado, con patatas, guisado, con salsas, como sea.

Tal vez el más recomendable si quieres comer en Lisboa sea el Bacalhau à brás: bacalao en salazón (muy típico de la cocina portuguesa) que se desala un día antes y el huevo que se hace revuelto junto con unas patatas muy finamente cortadas y que se fríen por separado (patatas paja). Cuando se sirve, se suele acompañar de perejil y olivas negras. Esta receta nació en el Bairro Alto de Lisboa de la mano de un tabernero. Hoy es una de las versiones más clásicas del plato que no falta en prácticamente ningún restaurante tradicional portugués.

Sugerencia de un bacalao buenísimo en Lisboa: el Claras em Castelo (Rua Bartolomeu Gusmão, 31), un pequeño restaurante junto al Castillo de San Jorge, con un servicio con magnífica reputación y un ambiente acogedor (eso sí, imprescindible reservar).

 

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Atardecer por La Baixa

Después de una buena comilona, vale la pena dar un paseo. Lo que se dice callejear. Probablemente una de las opciones más apetecibles sea el barrio histórico, el corazón de Lisboa: La Baixa.

Una magnífica forma de iniciar la visita es la fabulosa Plaza de los Restauradores, para más tarde seguir hasta la Plaza del Rossio -con su estación de tren modernista- y acabar en la Plaza del Marqués de Pombal. La Plaza del Comercio también es un buen rincón donde sentarse un rato y tomar algo. Lo dicho, pasear y dejarse llevar.


Lisboa en 360º

Hay muchas formas de ver esta extraordinaria ciudad. Una de ellas es desde lo alto. Hay muchos miradores que permiten ver Lisboa desde lo alto, aquí tienes 7 ejemplos : desde el Mirador Sâo Pedro de Alcântara, Santa Luzia, Portas do sol, Mirador de Graça, Senhora do monte, el Castillo de San Jorge o el elevador de Santa Justa.

Pero solo hay una forma de tener una panorámica de 360 grados sobre la ciudad y es desde el Mirador de Amoreiras.Es el único. Situado en la azotea del centro comercial de Amoreiras, cuesta cinco euros y es un punto imprescindible de Lisboa para hacer una foto que lo ocupe todo.


Ir a ver un fado en Alfama

El fado es un canto típico portugués a la nostalgia, conocido internacionalmente y Patrimonio de la Humanidad. Si deseas descubrir y entender la esencia de Lisboa, su alma, su historia sentimental, no puedes perderte una actuación de fado. La ciudad está repleta de artistas y casas de fado donde pasarlo bien escuchando música. Pero si existe un barrio donde el fado es algo más que música ése es Alfama. Podríamos decir que es el barrio más fadista de Lisboa. 

Y evidentemente en este barrio puedes elegir entre muchos lugares. De todos ellos, sugerimos Sr. Fado. Es un restaurante familiar, acogedor, con mucho encanto, muy real. Además, se come muy bien. 


De marcha por Bairro Alto

Y llega la noche. Y Lisboa se llena de pasión y misterio. Y hay que buscar donde vivirla. Situado entre la Praça do Príncipe Real y la Baixa, el Bairro Alto es una zona en constante ebullición, donde se suceden las últimas tendencias. Es el barrio de moda en la capital.

Todos los bares del Bairro Alto de Lisboa tienen un espíritu especial. Es una zona que vibra. Los lisboetas suelen frecuentar esa zona habitualmente. Algunas ideas: podemos empezar la noche en la Rua Diário de Noticias, en la Tasca do Chico o en el Palpita-me, para seguir posteriormente paseando por el barrio. Otro bar interesante es el Clube da Esquina.

A las 2 de la madrugada hay que rematar la fiesta en la discoteca Lux. Es la discoteca referencia de Lisboa. Está situada en un punto excepcional, frente al río Tajo. Tiene varias plantas con música de diferentes estilos y una terraza para despedirse de Lisboa a lo grande.

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