Guía básica de Lisboa: 11 recomendaciones para escaparse este otoño

01, 10, 2017

No hay que darle muchas vueltas al asunto: a Lisboa es aconsejable viajar siempre. Todas las épocas del año tienen su encanto. Junto con Madrid y Roma, la capital portuguesa es una de las ciudades más cálidas, debido a la influencia que ejerce la corriente del golfo. Goza de una media de 3.300 horas de sol al año y únicamente 100 días de lluvia.


Mejor viajar en otoño

Sin embargo, desde aquí nos gustaría subrayar el placer de viajar en la época otoñal, entre octubre y noviembre concretamente. Ya se ha alejado el verano con sus turistas, el calor ya no resulta tan sofocante —algo vital si tienes la intención de callejear por sus empinadas cuestas— y los precios se reducen considerablemente, sobre todo los billetes de avión.

El clima es templado, agradable, y la luz proporciona colores muy vivos. Las temperaturas no descienden de los 14ºC por la noche y llegan a 22º C por la mañana. En definitiva, ideal.

Puente del 25 de Abril sobre el Tajo (foto de Jason B. en Unsplash)

Vuelos lowcost

Cabe subrayar lo barato que es, por norma general, viajar a Lisboa. Las conexiones aéreas entre las principales ciudades españolas y la capital portuguesa son muy frecuentes y existe mucha disponibilidad. Los vuelos lowcost son muy habituales. Si tienes flexibilidad en las fechas, podrás comprobar lo fácil que es ir Lisboa en avión sin escalas por menos de 100€ ida y vuelta, incluso por menos de 50€.


Dónde alojarse a buen precio

Lisboa no es una ciudad cara para dormir; ni mucho menos. Incluso los hoteles en las zonas más solicitadas, en el centro histórico —Barrio Alto, Baixa y Chiado o Alfama— no ofrecen tarifas muy altas, especialmente en otoño. Lo cierto es que dispondrás de una gran variedad de opciones a escoger, para todos los gustos y bolsillos, y aquí te sugerimos cómo decidirte con una serie de consejos para buscar alojamiento. 

Por si te si te sirve de ayuda, desde Travelzoo hemos hecho una selección de ofertas en la ciudad con ofertas exclusivas. Son hoteles con los que hemos negociado tarifas y todos ellos brindan una interesante propuesta con valores añadidos que no encontrarás en ningún otro lado:


Desayunar Pastéis de Belém

Puede que parezca un capricho, pero tienes que comerte un pastel de Belém antes de marcharte de Lisboa sí o sí. De hecho, es un buen plan para empezar el día: un café y una de estas delicias. Para el que no lo sepa, se trata de un pastelillo de hojaldre y crema cubierto de azúcar y canela en polvo. Se puede comer en muchos sitios, pero lo suyo es ir a la confiteria Pastéis de Belém (Rúa de Belém, 84-92).

Uno de los símbolos incuestionables de la ciudad (foto de Felix K. en Unsplash)

Actualmente se elaboran con una receta secreta celosamente custodiada bajo llave desde 1837. A inicios del siglo XIX, en Belém, junto al Monasterio de los Jerónimos, existía una fábrica de caña de azúcar. Con la Revolución Liberal de 1834, muchos conventos de Portugal fueron clausurados. Para subsistir, algunos miembros del convento pusieron en marcha un pequeño comercio anexo a la fábrica de caña, donde preparaban los pasteles. Y así hasta hoy. De hecho, los cocineros que trabajan en la fábrica deben firmar un contrato de confidencialidad asegurando el secreto de la receta, la cual solamente se prepara en un cuarto exclusivo llamado por ellos la Oficina do Segredo.


Ruta histórica con el Tranvía 28

Seamos sinceros: Lisboa es una ciudad maravillosa, pero no podemos negar que es complicada de visitar. Tiene siete colinas con continuas subidas y bajadas. Es necesario presumir de una magnífica forma física para descubrirla caminando (además de también tener mucho tiempo). Pero, por saludable que sea caminar, lo ideal es coger uno de sus símbolos: el tranvía.

Existen muchas líneas, pero hay una que es famosa por su historia: el tranvía 28. Aconsejamos cogerlo puesto que se detiene en las visitas más imprescindibles de la ciudad: incluye el emblemático castillo de San Jorge y sus impresionantes vistas, el Barrio Alto, el barrio de Graça, Mouraria, La Alfama (la Catedral, la Rua das Escolas Gerais, el Largo das Portas do Sol, el mirador de Santa Luzia), Chiado y Madragoa. Puedes subir y bajar cuando te interese.

Tranvía por las empinadas calles de Lisboa (foto de Sigg S. en Unsplash)

Tengamos en cuenta que el 28 no dibuja un trayecto circular, sino que se desplaza en dos direcciones y su precio por trayecto es de 2,90€. Si lo que buscas es utilizarlo como medio para moverte por toda la ciudad, realizando distintas paradas, puedes adquirir un bono de transporte diario por 6'15€.


Más de 50 museos a tu disposición

Lisboa cuenta con más de 50 museos repartidos por la ciudad; para que te hagas una idea, en Madrid hay alrededor de 90. Si dispones de tiempo, siempre es interesante pasearte por un museo y profundizar en el conocimiento de la ciudad. Algunos de los más populares en la capital portuguesa son el Museo del Diseño y Moda o el del Monasterio de los Jerónimos, aunque aquí nos gustaría destacar el Museu Calouste Gulbenkian.

La colección del Museo Calouste Gulbenkian es una de las mayores colecciones privadas de Europa. Su dueño, el magnate Calouste Gulbenkian, persiguió durante más de 40 años cada una de las piezas que se encuentran en el museo. Pasó sus últimos días en Portugal, y donó su colección al país al morir en 1955.

Es un museo fascinante. Entre sus joyas encontramos pinturas de maestros holandeses, relieves egipcios, originales de Monet o piezas de René Lalique.


Dónde comer un buen bacalhau

Está claro que en un momento de tu recorrido, deberás parar. Es esencial recargar energías. Toca buscar un buen restaurante y comer el plato más solicitado de la ciudad: el bacalao, un auténtico manjar. Lo elaboran tanto que dicen que conocen 365 formas de prepararlo (una por día, vamos): en ensalada, asado, con patatas, guisado, con salsas... Como sea.

Tal vez el más recomendable si quieres comer en Lisboa sea el bacalhau à brás: bacalao en salazón, muy típico de la cocina portuguesa, que se desala un día antes, con huevo revuelto junto con unas patatas paja muy finamente cortadas y fritas por separado. Cuando se sirve, se suele acompañar de perejil y olivas negras. Esta receta nació en el Barrio Alto de Lisboa de la mano de un tabernero. Hoy es una de las versiones más clásicas del plato que no falta en prácticamente ningún restaurante tradicional portugués.

 
 
 
 
 
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Sugerencia de un bacalao buenísimo en Lisboa: el Claras em Castelo (Rua Bartolomeu Gusmão, 31), un pequeño restaurante junto al Castillo de San Jorge, con un servicio con magnífica reputación y un ambiente acogedor (eso sí, imprescindible reservar).


Atardecer por La Baixa

Después de una buena comilona, merece la pena callejear un rato. Probablemente una de las opciones más apetecibles sea el barrio histórico, el corazón de Lisboa: La Baixa.

Una magnífica forma de iniciar la visita es la fabulosa Plaza de los Restauradores, para más tarde seguir hasta la Plaza del Rossio —con su estación de tren modernista— y acabar en la Plaza del Marqués de Pombal. La Plaza del Comercio es un rincón fantástico en el que sentarse un rato y tomar algo. Lo dicho: pasear y dejarse llevar.


Lisboa desde sus miradores

Existen muchas formas de ver esta extraordinaria ciudad. Una de ellas es desde lo alto. Hay muchos miradores que permiten contemplar Lisboa desde las alturas, y aquí tienes siete ejemplos: desde el Mirador Sâo Pedro de Alcântara, Santa Luzia, Portas do sol, Mirador de Graça, Senhora do monte, el Castillo de San Jorge o el elevador de Santa Justa.

Vista aerea al anochecer (foto de Andreas B. en Unsplash)

Pero solo existe una forma de obtener una panorámica de 360 grados sobre la ciudad y es desde el Mirador de Amoreiras.  Situado en la azotea del centro comercial de Amoreiras, cuesta cinco euros y es un punto imprescindible de Lisboa para hacer una foto que lo abarque todo.


Escuchar un fado en Alfama

El fado es un canto típico portugués a la nostalgia, conocido internacionalmente y declarado Patrimonio de la Humanidad. Si deseas descubrir y entender la esencia de Lisboa, su alma, su historia sentimental, no puedes perderte una actuación de fado. La ciudad está repleta de artistas y casas de fado donde pasarlo bien escuchando música. Pero si existe un barrio donde este canto sea algo más que música ese es Alfama. Podríamos decir que es el barrio más fadista de Lisboa. 

Y evidentemente en este barrio puedes elegir entre muchos lugares. De todos ellos, sugerimos Sr. Fado. Es un restaurante familiar, acogedor y muy real. Además, se come muy bien. El menú vale 45€ por persona y e inclye música en directo. 


De fiesta por el Barrio Alto

Y llega la noche. Y Lisboa se llena de pasión y misterio. Toca buscar donde vivirla. Situado entre la Praça do Príncipe Real y la Baixa, el Bairro Alto es una zona en constante ebullición, donde se suceden las últimas tendencias. Hablamos del barrio de moda en la capital.

Todos los bares del Barrio Alto de Lisboa tienen un espíritu especial. Es una zona que vibra y que los lisboetas suelen frecuentar. Algunas ideas: podemos empezar la noche en la Rua Diário de Noticias, en la Tasca do Chico o en Artis, para seguir posteriormente paseando por el barrio. Otro bar interesante en el Barrio Alto es el Clube da Esquina.

A las dos de la madrugada hay que rematar la fiesta en la discoteca Lux. Es la discoteca de referencia de Lisboa. Se sitúa en un punto excepcional, frente al río Tajo (Tejo en portugués). Cuenta con varias plantas con música de diferentes estilos y una terraza para despedirse de Lisboa a lo grande.

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