6 playas de Portugal: desde Algarve a Oporto

13, 03, 2019

Puede ser difícil pensar en viajar a Portugal cuando se vive en España. Y aún más si la idea es ir a la playa. Cuando se acerca la época de acercarse a la costa, bañarse en el mar, tumbarse a tomar el sol... cuesta acordarse de Portugal. Probablemente muchos pensamos si vale la pena coger un avión, o un coche, o un tren, o lo que sea y poner rumbo hacia el océano Atlántico. Y entonces no lo hacemos, nos quedamos en el apacible Mediterráneo. Pero lo cierto es que la portuguesa es una de las costas más interesantes que hay en el planeta. Se come de fábula, los paisajes son muy llamativos, cuentan con un patrimonio cultural impresionante y son una gente realmente acogedora. Lo que proponemos son 800 kilómetros que van desde Algarve, en el sur, hasta Oporto, en el norte, dónde se puede hacer un recorrido imprescindibles por las 6 playas más bonitas de la costa portuguesa.


Cómo llegar a Faro, la entrada al Algarve

Como hemos apuntado anteriormente, este recorrido está pensado para ir de sur a norte, desde el Algarve al norte de Portugal, a la altura de Oporto. Así pues, el primer objetivo a alcanzar es Faro, la capital de Algarve y punto de partida. Como está tan cerca -Faro se encuentra a 2 horas escasas de Sevilla por ejemplo-, lo suyo es coger el coche, y luego hacer ruta por carretera. Pero también existen las opciones del avión hasta Faro con Norwegian o TAP Portugal (esta última con escala en Lisboa). Y una vez en tierra, el tema es alquilar un coche. Y la vuelta la podemos hacer desde Oporto. Por cierto, el tren no es una alternativa viable, ya que no hay conexiones de momento.

Faro (foto de KAUE FONSECA on Unsplash)

Praia Marina, la más bonita del sur de Portugal

Estamos en una de las regiones de sol y playa más atractivas de Europa: el Algarve. Es el Sur de Portugal, donde existen infinidad de posibilidades y rutas para dedicarle un solo viaje. En fin, lo dicho, estamos en Faro, nuestro punto de partida. Aquí la verdad es que no te faltarán playas. Ten en cuenta que Algarve significa la “tierra por donde se pone el sol”. Es la barbilla de la península, o la papada, mejor dicho. Las playas son de roca y arena fina y mandan los puntiagudos acantilados que se adentran en el océano. Portugal es un país volcado al mar.

A unos 60 kilómetros de Faro, hacia el oeste, sugerimos ir a Praia Marina, que está considerada como una de las 10 más bellas de Europa y una de las 100 más bellas del mundo (según Guía Michelin). Como siempre pasa con la belleza, atrae al personal, y sobre todo en el mes de agosto, con lo que conviene evitarla o, en todo caso, ir muy pronto por la mañana. El paisaje es una pasada. Las formas caprichosas de los monolitos rocosos y la gama de colores que la inundan la convierten en una joya. Dar un paseo, comer buen marisco, beber vinho blanco y luego darse un baño es una gozada. Existe la posibilidad de coger una barquita y descubrir grutas ocultas en ese tramo de la costa.


Para los surferos, Praia do Amado

Ya en dirección a la costa Vicentina, a unos 50 kilómetros de Portimao, nos encontramos con la Praia do Amado, salvaje cien por cien, pensada para amantes del viento y de surcar las olas con las tablas. Una meca para los surferos, vamos. Tiene un gran oleaje, pero es un paraíso cerca de la población de Carrapateira. La verdad es que se trata de un gran arenal, lo que permite que puedan unirse muchos bañistas sin molestarse. Sigue siendo un paisaje de colores rojizos y ocres, al que se desciende desde lo alto del acantilado por unas escalinatas.

Praia do Amado (André Pipa en Flickr)

En la playa desemboca una lengua de agua dulce que proviene de la ría Bordeira, lo que también hace que sea un lugar apetecible para familias, puesto que son aguas más protegidas del vendaval, más cálidas y no hay mucho movimiento de tablas de un lado a otro. Por cierto, merece mucho la pena el paseo que hay entre las playas de Amado y Bordeira, de unos 9 kilómetros, ante unas vistas monumentales desde los miradores que te vas encontrando.

Por cierto, si buscas un buen hotel en la zona, no te pierdas la oferta del hotel Longevity Health & Wellness Algarve 5* que abrirá sus puertas el próximo mes de junio. ¡Sé uno de los primeros en estrenarlo!


Praia de Amália, donde suena el fado

Luego ponemos rumbo hacia el norte y, en la región de Alentejo, nos tropezamos con una señora playa: la de Amália o también conocida como Playa Brejao. Allí está la casa de la famosa fadista de la década de los años 40: Amália Rodrigues, en la que pasaba largas temporadas de su vida y donde aprendió a nadar. El acceso no es lo que se dice fácil, es como un caminito secreto que se transita en unos 15 minutos, cuyo paisaje impacta; pero la llegada todavía más.

Es un diminuto puerto pesquero, al que por cierto llegan muchos buceadores buscando la bahía con sus fondos transparentes, pedregosos y coloridos. Una cascada de agua dulce cae sobre su esplendorosa cala de arena. Se trata de una playa rodeada de las montañas de Monchique, de acantilados oscuros y escarpados. Como todas las de esta parte del litoral, es solitaria y coqueta.

Si dispones de tiempo, es aconsejable ir a comer un pescado a la brasa y una ensalada de pulpo al Café Central, un gran restaurante en Brejao.

Praia da Amalia (foto de J Rico en Flickr)

Galapinhos, playa con encanto cerca de Lisboa

En nuestro camino hacia el norte, ya a la altura de Setúbal –a 52 kilómetros  de Lisboa para ser exactos– y en las inmediaciones de la Sierra de Arrábida, se halla una parte de la costa que es una maravilla. Allí está la Praia Galapinhos, considerada en una reciente votación de "European Best Destinations" como la mejor del continente. Una de las cosas que más llama la atención es el tono azul de sus aguas. Es una playa muy tranquila, no muy grande, y al que le guste pasear por la arena, lo puede hacer durante la marea baja hasta la playa de Coelhos. También es muy recomendable llevarse el tubo y las gafas para hacer snórquel.

Es otro de los casos en el que no es fácil acceder (no llegas en coche, hay un autobús), lo que hace que no suela haber mucha gente, lo que es extraño teniendo en cuenta que solamente está a 10 kilómetros de distancia de la ciudad de Setúbal y a escasa distancia también de Lisboa. Por cierto, hay un chiringuito de madera, aunque evidentemente solo lo tienen abierto en les meses de verano.

Praia Galapinhos (foto de Filipe Lourenço Marques en Unsplash)

Figueira da Foz y su gran playa

A unos 200 kilómetros de Lisboa, en la Costa da Prata, llegamos a Figueira da Foz. Por allí las playas son más espaciosas, con dunas de arena y hay mucha afición al surf. Una de ellas es Cabedelo, una enorme playa situada a unos 10 kilómetros, una vez cruzamos el puente de Figueira. Es bonita, tranquila, limpia y las vistas a Serra da Boa Viagem son formidables. Esta playa es ideal para familias con niños a los que les guste surfear, puesto que tiene escuelas de surf y Kite, cuenta con baño público, cafeterías y restaurantes. Pero si buscas algo más íntimo, no muy lejos, a unos 2 kilómetros están la Praia de Quiaios y Buarcos.

Por cierto, a quienes les guste practicar el nudismo, está permitido en la playa de Figueira da Foz.

Figueira da Foz (foto de Sacha Verheij en Unsplash)

Oporto, la Costa Verde y las Piscina das Marés

No la llaman Costa Verde por que sí. Esta ruta por la zona norte de Portugal –va desde la desembocadura del Miño a la del Duero– es un espectáculo de la naturaleza, con sus playas, pero también con sus pueblecitos como Canidelo o Matosinhos. Para empezar, la ciudad de Oporto ya invita a un viaje por sí sola, pero aquí se trata de conocer sus playas más tentadoras. Y entre las mejores de todo el litoral portugués, nos gustaría colocar la Piscinas das Marés, en la Praia de Leça da Palmeira, en el pueblo de Matosinhos. Es verdad, no es una playa en su sentido más estricto, es un concepto diferente, pero es un plan muy aconsejable, sobre todo para cuando el mar se despierta encabritado.

Estas piscinas fueron inauguradas en 1966 por el joven arquitecto Álvaro Siza (premio Pritzker de arquitectura), que las diseñó con la idea de respetar al máximo en entorno natural que las rodea. La forman dos piscinas de agua salada (y fría) –una para adultos y otra para niños–, tiene vestuarios, cafetería y el acceso son 6€.

Y ya que estás en la Costa Verde y que es el final del viaje, te proponemos hacer la ruta del Vinho Verde, visitar Viana do Castelo y catar el Vinho Verde (D.O) en alguna de sus bodegas.

Praia Matosinhos (foto de Karim Sakhibgareev en Unsplash)
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