Por qué vale mucho la pena un viaje a Madeira

26, 06, 2019

Este alejado archipiélago portugués a unos 900 kilómetros de Portugal ha abandonado su insustancial imagen turística de antaño. Esta pequeña isla atlántica, más cercana al norte de África que a Europa, es un paraíso subtropical con una capital cosmopolita, paisajes brutales, maravillas botánicas y una cocina local francamente excepcional. Todo son razones para organizar un buen viaje a Madeira.  Si a eso le añades que tiene unas temperaturas primaverales durante todo el año y que el trayecto en avión solo dura 3 horas y media, entenderás que estás delante de un destino vacacional de primera categoría. De hecho, fue el destino en isla más votado en los World Travel Awards en 2017.


El tiempo es primaveral

Primera buena noticia: el tiempo en Madeira es un gustazo. Como mencionábamos antes, la temperatura media es muy suave durante todo el año. Una especie de primavera eterna. Lo cierto es que hay que considerar dos microclimas en esta isla – dependiendo de la altitud y si estás en la parte norte o sur. En el norte es un clima oceánico y caen más lluvias – por eso es más verde - y en el sur es puramente mediterráneo. En Funchal, que es donde sugerimos que te alojes, el tiempo suele ser bastante benigno todo el año, ya que está expuesto al sol muchas horas al día y el viento castiga la zona porque está tapada por las montañas. En Ponta do Sol y Calheta, en la costa occidental, pasa algo parecido, el tiempo siempre es muy apetecible.

Hortensias al sol en Madeira (foto de Josefin en Unsplash)

Hay vuelos sin escalas desde España

Se puede volar directo desde varias ciudades españolas –Madrid, Barcelona, Bilbao, Santiago o Tenerife– hasta el aeropuerto Cristiano Ronaldo (nació allí) de Funchal, la capital, en los meses de verano. Tardan entre dos y tres horas. En otras fechas, hay que hacer escala en Oporto o Lisboa. 


Sus piscinas de roca de lava

Pon rumbo a Porto Moniz, donde las rocas de lava han creado piscinas naturales de agua salada con unas vistas extraordinarias de la costa noroeste. No tienen nada que envidiar a las piscinas infinity más elegantes del mundo. La ubicación en el Océano Atlántico significa que las temperaturas pueden ser estimulantes, pero definitivamente es una experiencia inigualable poder flotar en aguas completamente en calma mientras que unas gigantescas olas explosionan contra las paredes exteriores de roca. Existen entradas en oferta por 1.50 €, con las que puedes utilizar vestuarios, taquillas y duchas.

Piscinas de lava vistas desde el cielo en Porto Moniz (foto de Colin W en Unsplash)

El vino es de clase superior

Las viñas no son tan prolíficas como antaño, pero Madeira sigue produciendo algunos de los mejores vinos generosos del mundo, llamados así porque son reforzados con alcohol vínico en algún momento de su proceso de elaboración, con el fin de aumentar su grado alcohólico y favorecer su mejor conservación. Y en Madeira, se fija normalmente hasta los 19%. Uno de los mejores lugares para probar es Câmara de Lobos (un encantador pueblo pesquero de siempre) donde se puede obtener una degustación de vinos gratis en la bodega Henriques & Henriques.

Si por casualidad estás en Madeira durante la vendimia (finales de agosto, principios de septiembre), no te pierdas el Festival del Vino: es el momento ideal para probar algunas de las versiones más secas del vino que se maridan perfectamente con quesos duros y charcutería.


Puedes saltar literalmente de la cima de una montaña a un bosque

Madeira ocupa la cima de un enorme volcán que se levanta desde el fondo del mar. No es sorprendente entonces que su paisaje sea único, y eso es lo que lo hace ideal para el barranquismo. Esta actividad de adrenalitica requiere el uso de rappel, salto y deslizamiento para llegar desde la parte superior de un cañón hasta sus pies. Viaja desde los picos cubiertos de nubes a los valles exuberantes y bosques de eucaliptos, todo siempre bajo la supervisión de los expertos (de los cuales hay muchos en toda la isla).

El frondoso Parque Natural de Ribeiro Frío (foto de Bart Z en Unsplash

El Tobogganing es un medio de transporte muy aceptable

¿En qué otro lugar podrías descender por una colina empinada en un tobogán de madera y mimbre, conducido por hombres madeirenses con sombreros de paja? Esta emocionante y loca tradición comienza en la cima de la colina en Monte y va girando por la sinuosa carretera principal de Funchal. Al pasar, no debes perderte las vistas de los jardines botánicos y la bahía ... El teleférico (a partir de 10€ por persona, cada trayecto) le llevará a Monte, por lo que no necesitas preocuparte por cómo subir a la cima.


Comer en Madeira: sus platos típicos...

Gracias a su clima subtropical, Madeira produce una impresionante variedad de frutas exóticas y especias. El mejor lugar para encontrarlos es en el Mercado dos Lavradores (un mercado al aire libre que combina los estilos Arte Decó y Modernismo) en el centro de la capital. Y sus platos típicos no son los que uno esperaría encontrarse en el suroeste de Europa. Hay filetes de pez espada (a menudo servido con plátano al horno), Espetada (brocheta de carne de vaca con una hoja de laurel y servido con maíz frito) y pudín de maracuyá.

Mercado dos Lavradores en Funchal (foto de Martha D en Unsplash)

... pero todavía es posible tomarse un té al estilo genuinamente británico

Reid's Palace, uno de los hoteles 5 estrellas más eminentes de la isla visitado en su momento por Winston Churchill, ofrece un té muy tradicional (34,50 € por persona) todas las tardes. Espere sándwiches, bollos, tartas caseras y 24 tipos de tés diferentes, todos servidos en una terraza al aire libre con vistas panorámicas al mar.


Porto Santo, la pequeña isla vecina

La pequeña y arenosa isla hermana se llama Porto Santo, que es parte del archipiélago madeirense y está a dos horas y media en barco desde la isla principal. En el viaje, podrás ver cachalotes o delfines nariz de botella, y es incluso muy probable avistar al pez volador rojos y azules entrando y saliendo de las olas. Hay un barrido de arena que se extiende por la mayor parte de la costa sur de la isla, cubierta de las dunas en movimiento. Y para una isla tan pequeña - apenas 6 a 8 kilómetros - tiene un número sorprendente de soberbios restaurantes. No se pierda la coqueta capital, con su laberinto de edificios encalados, calles cubiertas de bougainvillas y una iglesia del siglo XVII.


Te quedarás boquiabierto con tantas vistas impresionantes

El paisaje de Madeira es tremendamente escarpado, por lo que los primeros colonos construyeron pequeñas levadas (canales de agua) para transportar el agua de manantiales más arriba de las laderas de las montañas para irrigar sus tierras. Actualmente se puede caminar junto a las levadas - que cubren varias áreas protegidas, incluyendo el Parque Natural de Madeira y el Parque Ecológico de Funchal. Puedes hacer trekking a lo largo de cascadas, a través de bosques y praderas, todavía atendidos por duros montañeros. Sea cual sea la ruta que elijas, es probable que los paisajes te impresionen. Si eso es demasiado aventurero, siempre puedes visitar el Cabo Girao Skywalk, un acantilado con una plataforma transparente de cristal, desde donde se puede visualizar una caida de 580 m (es la más alta de Europa y la segunda mundial tras el Gran Cañón).

La escarpada costa de Madeira (foto de Isabel C en Unsplash)

Una naturaleza de otro mundo

Dos tercios de Madeira está clasificado como Reserva Natural, dentro de la cual se encuentra el bosque Laurissilva, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí existen especies fantásticas como la paloma de dedos largos (de un brillante azul cián), dientes de león gigantes y árboles altos y nudosos que bien podrían ser un escenario de alguna de las películas "El Señor de los Anillos". En el llamado Ilhas Desertas hay una especie de foca monje que sólo vive aquí, mientras que las Islas Selvagens son el hogar de nueve especies de aves marinas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo.


Dónde alojarse en Madeira: las Bellas Quintas

Si finalmente te lanzas a esta bonita aventura, planifica bien todo, y sobre todo el hotel donde te hospedarás. De entrada, ten en cuenta que Madeira no es una isla de sol y playa. Es más bien para viajeros que busquen aventuras en la naturaleza. Si quieres ir de playas, como decíamos anteriormente, montate una excursión hasta la Isla de Porto Santo. Si quieres explorar Madeira, no te faltarán hoteles para dormir. La mayoría se encuentran en la capital, Funchal, donde es aconsejable hacer la reserva: desde allí podrás moverte por toda la isla y el centro histórico de la ciudad tiene todos los servicio que necesites para cuando llegues por la noche – restaurantes, bares y, en general, un ambiente considerablemente animado. De todos modos, si quieres tener una experiencia esencialmente portuguesa, la sugerencia sería que te alojarás en Las Quintas: en otro tiempo fueron residencias de principes y artistócratas y que hoy se han transformado en hoteles con encanto.

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