5 escapadas desde Barcelona (a 2 horas o menos)

11, 03, 2021

Las escapadas nacionales van a seguir siendo la "sal de la vida" en los próximos meses, así que nada mejor que ir planificándolas para que, cuando se levanten las restricciones de viaje, no nos pille el toro. Esta semana te traemos cinco escapadas a dos horas o menos en coche de Barcelona para que puedas disfrutar de cultura, naturaleza y relax, mucho relax.


El Camí de Ronda: de Sant Feliu de Guíxols a Begur - 107 km al nordeste

El Camí de Ronda, que recorre la Costa Brava, es nuestra propuesta para aquellos que buscan naturaleza, senderismo y mar. Se trata de un recorrido que puede ser circular -con una distancia de unos 140 kilómetros- o lineal. Esta última, la ruta lineal, consiste en 43 kilómetros que van desde Sant Feliu de Guíxols hasta Begur recorriendo exclusivamente el litoral, por lo que es la alternativa ideal para disfrutar de dos o tres días de caminatas junto al mar.

El punto de partida es la playa de Sant Feliu de Guíxols y, a partir de ahí, el camino pasa por Sant Pol de S'Agaró -localidad por donde pasó Elizabeth Taylor durante el rodaje de su película De repente el último verano-, Cala Jonca y Sa Conca. Luego se atraviesa Platja d'Aro hasta llegar a la siempre maravillosa Cala Belladona, donde sí o sí te aconsejamos darte un buen chapuzón para rematar tu ruta.

Si al día siguiente quieres seguir disfrutando de miradores y playas, puedes llegar hasta la Cala Cap Roig en Sant Antoni de Calonge y seguir hasta Llafranc. Desde aquí, la próxima parada es Tamariu y, más adelante, Aiguablava. El camino finaliza en el pueblecito de Begur, donde te aconsejamos visitar la estupenda piscina natural de Es Cau. 

Sea cual sea la ruta que elijas y los kilómetros que hagas, las vistas, el olor a mar y la sensación de paz están más que asegurados.

Sugerencia alojamiento: el Parador de Aiguablava, a menos de cuatro kilómetros de la localidad medieval de Begur, ha sido recientemente renovado, por lo que además de unas modernas instalaciones ofrece vistas inmejorables de la Costa Brava desde lo alto del acantilado de la Punta d'es Muts. Dispone de piscina, gimnasio, sauna, terrazas y, la gran novedad, su Spa asomado a la cala de Aiguablava. Sin duda, no se nos ocurre un lugar mejor para desconectar.

Aiguablava, Costa Brava (foto de Maria M en Unsplash )

Cardona: regreso al pasado - 100 km al noroeste

El pueblo medieval de Cardona, situado en la Cataluña central, lo tiene todo: un imponente castillo a 585 metros sobre el nivel del mar; un centro histórico único y una Montaña de Sal que esconde, a más de 2 kilómetros bajo tierra, toneladas y toneladas de sal. De hecho, se organizan visitas guiadas para conocer más sobre cómo funcionaban estas minas.

En la zona, además, se pueden hacer muchas otras visitas interesantes. A tan solo 10 minutos de Cardona, es posible conocer uno de sus tesoros más preciados de la región: el Oli Migjorn. Y es que esta finca está recuperando, desde hace 10 años, el cultivo del olivo arbequina y corbella -variedad autóctona de la comarca del Bages-, dando como resultado un aceite de oliva virgen extra ecológico, de gran calidad. La finca organiza paseos entre los olivos durante la puesta de sol que son todo un espectáculo.

Sugerencia alojamiento: si de verdad quieres sentir que has viajado a través del tiempo hasta la Edad Media, nada mejor que alojarte en el Parador de Cardona: ubicado en el castillo medieval de esta localidad, se trata de un recinto fortificado del s. IX , donde además de dormir a cuerpo de rey -y nunca mejor dicho- podrás visitar la Torre Minyona y una bonita iglesia, ambas del s. XI. Asimismo, en su restaurante, podrás deleitarte con lo mejor de la cocina catalana.

Castillo-Parador de Cardona, Cataluña

La Garrotxa: tierra de volcanes - 114 km al norte

El Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, declarado como tal en 2001, es uno de los espacios naturales más privilegiados del territorio catalán. En su interior, encontramos lugares especialmente mágicos, como la Fageda d'en Jordà, uno de los bosques más bellos de la península crecido sobre el manto de lava de un volcán, y dos volcanes dormidos: uno de ellos -el Croscat-, con una brecha en forma de porción de pizza y donde se encuentra uno de los centros de información del parque; y el otro -el de Santa Margarida- cuyo cráter esconde una ermita románica en su interior. 

Y por si tanta belleza no fuera suficiente, muy cerca de este paraíso volcánico hay que hacer otra parada imprescindible: Besalú, la villa judía. Construida durante la Alta Edad Media, su patrimonio arquitectónico es impresionante: desde la antigua iglesia del monasterio de Sant Pere del s. XII hasta la Casa de Cornellà -monumento románico del s. XII- pasando por la sala gótica de la Cúria Real. Todos ellos conseguirán dejarte con la boca abierta. Tampoco hay que olvidar sus baños judíos: su  miqvé casa de baños rituales es, junto con el que se encuentra en Girona, el único descubierto en España.

Sugerencia alojamiento: situado en el paraje natural de Bruguers, a 5 minutos en coche de Besalú, el Mas Pere Pau es una típica masía catalana donde podrás disfrutar de una experiencia de lo más relajante con un trato cercano y familiar. Elige entre una habitación, un estudio o un apartamento y disfruta de las instalaciones comunes como piscina de temporada, sala de juegos o terraza con servicio de bar. Asimismo, no dejes de pasar por su restaurante, donde podrás degustar platos de la cocina típica catalana con productos de la zona.

Puente de Besalú, Cataluña (foto de Unsplah)

El Delta del Ebro: entre arrozales, flamencos y playas remotas

La llana desembocadura del río Ebro, en Tarragona, es uno de los grandes humedales del noreste de España. Una mezcla de tierras de cultivo, santuario de aves y oasis para aquellos ansiosos por escapar de la sobrepoblación de otras zonas costeras catalanas. 

Aquí merece la pena madrugar para contemplar una de las más bellas salidas del sol, desde el mar o desde el río. La playa de Migjorn, por ejemplo, es un buen lugar para despertar entre luces liliáceas mientras el Lorenzo emerge en el horizonte sobre el Mediterráneo. Después, nada mejor que alquilar una bici y recorrer las orillas del río Ebro -con senderos solo aptos para peatones y ciclistas-, para más tarde aventurarse a cambiar la bici por el kayak y surcar sus tranquilas aguas.

Otra alternativa es recorrer la laguna de la Encanyissada, la más grande del delta, para visitar el MónNatura Delta de l'Ebre, un centro de interpretación y divulgación del delta, donde además de aprender más sobre la zona podremos visitar uno de los mejores puntos de observación de aves: en la Tancada es muy frecuente observar ejemplares de la gran colonia de miles de flamencos que vive de forma estable en el delta.

Y para terminar tu visita, no podía faltar una excursión a la emblemática Punta del Fangar, la playa con el faro más fotografiado de la zona, así como uno de los arenales con más valor ecológico del litoral catalán. Y es que este espacio, además de contar con formaciones dunares y fauna autóctona -ambas protegidas-, es lugar habitual de nidificación de gaviotas y charranes. En definitiva, un pequeño paraíso que consigue impresionar hasta al viajero más curtido.

Sugerencia alojamiento: Villa Retiro es una joya de la arquitectura colonial que la familia López adquirió hace ya algunos años para reconvertirla en hotel. Situada a algo más de diez minutos en coche de Tortosa, capital de la comarca, y a escasa media hora del Delta, esta coqueta mansión cuenta con tan solo 9 habitaciones, piscina de temporada y un restaurante dirigido por el chef Francesc López, el único en el Baix Ebre reconocido con una Estrella Michelin, entre otros premios.

Delta del Ebro, Cataluña (foto de Jesús Lobato en Flickr)

Sitges y el Parque Natural del Garraf - 40 km al sur

Solo por su casco antiguo y sus playas, Sitges ya merecería una visita. Pero esta ciudad costera es mucho más. Punto de encuentro de intelectuales y artistas del Modernismo a finales del s. XIX, Sitges acumula un buen puñado de referencias a dicha estética como la Casa Bonaventura Blai, Cau Ferrat -la que fuera casa y taller del pintor y escritor Santiago Rusiñol, ahora reconvertida en museo- o el interior del Teatro Prado. Tampoco los museos se quedan atrás, pero si hay que elegir uno nos quedamos con el Museo de Maricel, donde destaca un soberbio mirador asomado al Mediterráneo con tres grandes esculturas de estilo novecentista del Joan Rebull. Enfrente, el Palacio de Maricel, donde solo los domingos se realizan visitas guiadas para admirar el claustro con vistas al mar y los divertidos capiteles labrados por el escultor Pere Jou, en uno de los cuales aparece incluso un joven Picasso.

Un menú cultural de lo más completo que se completa también con una gran riqueza gastronómica. Pescados y mariscos -en su mayoría procedentes del cercano puerto de Vilanova- están a la orden del día y pueden degustarse en todo tipo de arroces, siendo el más popular la "cazuela de arroz a la sitgetana". 

Sugerencia alojamiento: si te quedas en Sitges el fin de semana, te recomendamos hacer parada en el Dolce by Wyndham Sitges, más que un hotel un destino en sí mismo donde el cuerpo descansa y la mente se relaja. A 2 km de la playa, ofrece excelentes vistas al mar, 4 piscinas exteriores climatizadas, amplios jardines, una variada oferta gastronómica y un magnífico Spa con piscina cubierta. En verano se ofrecen cenas temáticas y barbacoas en el jardín.

Sitges, Cataluña (foto de Photo chan lee en Unsplash)

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