Guía romántica de París: 48h para conquistar definitivamente el corazón de tu pareja

04, 05, 2017

Estamos, sin duda, ante la ciudad más romántica del planeta. No descubrimos nada nuevo. Todo el mundo conoce que hay algo especial en la atmósfera parisina que te atrapa y hace que el amor fluya. ¿Quieres encontrar ese “algo especial” y conquistar definitivamente el corazón de tu pareja?

¡Ojo, un consejo antes de alzar el vuelo, tortolitos!
Pensad que es fundamental viajar en una buena época para que todo salga a pedir de boca. Todo se ve más claro cuando luce el sol, incluso el amor. Abril, mayo y junio es el momento ideal para explorar la ciudad, pero también son muy románticos septiembre y octubre. Ahora bien, si no quieres arriesgarte a tener días lluviosos, lo más acertado es viajar en julio y agosto.


Día 1

Por la mañana:

Beso y champagne en lo alto de la Torre Eiffel: hay que empezar a lo grande: con un beso apasionado en lo alto de París. La Torre Eiffel es sin duda el símbolo de la ciudad. Sus 324 metros de altura permiten tener una vista (subiendo a su último piso) espectacular. El primer piso, a 57 metros, ha sido recientemente reformado e incluye, entre otros atractivos, suelos de vidrio para sentirte al borde del abismo. Si te entra el hambre, hay restaurantes en las dos primeras alturas y un bar donde sirven champagne en lo más alto. Toda una experiencia para personas con alta sensibilidad amorosa.

Sugerencia: desayunar un buen croissant con "café au lait".
Artisan Boulanger Patissier - Rue Saint-Dominique 112.
Una cafetería con encanto. Deliciosos pasteles, croissants y dulces. 

 

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Crucero romántico por el Sena: el Sena es el Sena. Y si tienes la oportunidad de cruzar esta maravillosa ciudad a lo largo este río con tu pareja, con toda seguridad os dejará una huella indeleble. Es aconsejable subir a bordo de los famosos bateaux-mouche, barcos panorámicos que recorren el río sigilosamente.

Además, es otra forma de ver París muy rápido. Pasas por lugares tan simbólicos como Saint-Germain-des-Prés, la Catedral de Notre Dame o el Jardin des Plantes. Otro tema a tener en cuenta, son sus trece kilómetros, donde hay más 30 puentes. Entre el Louvre y el Barrio Latino, el Pont des Arts era uno de los más concurridos por las parejas que hasta no hace mucho sellaban su amor colgando un candado en la barandilla del puente y lanzando después la llave al río (ojo, es una costumbre ya prohibida). El Pont Alexandre III tal vez sea uno de los más bonitos.

Las ostras aumentan la pasión (y mucho): hay que darle una ración afrodisíaca a la mañana parisina. Y qué mejor que hacerlo con ostras. Huitres,  en francés: qué sexy suena... O te encantan o las detestas. Pero si te gustan, son un manjar de dioses. En su fuente con hielo, manteles blancos impolutos y regadas en una burbujeante copa de champagne. Oh la la!

Sugerencia: comer ostras y marisco en un bistro.
L'Ecaillier du Bistrot - 22 rue Paul Bert.

Por la tarde:

En busca del corazón de París: digamos que el barrio de Montmartre es la parte más bohemia y con más carisma de París. Allí palpita su corazón. Es imposible caminar por sus calles adoquinadas y no sentirte libre, abierto de mente, sin prejuicios. Hay que respirar hondo y dejarse llevar. Es un ambiente que te absorbe. Allí artistas como Picasso, Van Gogh o Monet encontraron la inspiración.

Una vez allí, la idea es ascender por los escalinatas del Sacre Coeur (Sagrado Corazón) y conquistar París, porque lo tendrás literalmente a tus pies, con sus músicos de fondo tocando canciones románticas, colores intensos a tu alrededor y, como no, tu tortolito o tortolita a tu vera… directamente es un momento inmejorable para la conquista del amor.

 

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Le Mur des Je t´Aime (El Muro de los Te Quiero) -en la foto- está situado en la Plaza des Abesses y se extiende a lo largo de 40 metros cuadrados. La frase “Te quiero” se repite en más de 300 idiomas. Suelen acudir amantes venidos de todo el mundo deseosos de hacerse una foto o un selfie. El amor se contagia desenfrenadamente.

Por la noche:

La ciudad de las luces y, al fondo, el Arco del Triunfo: una de las imágenes más impactantes es París iluminada. Es mágica. Nuestra propuesta es poner rumbo al Arco del Triunfo, en la Plaza de Charles de Gaulle, donde se halla la tumba del soldado desconocido en honor a los combatientes fallecidos en la I Guerra Mundial. Es todo un espectáculo ver circular por sus doce grandes avenidas a los vehículos entre luces de todo tipo.

 

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La Avenue des Champs Élysées hay que hacerla a pie. Son 2 kilómetros de longitud. Se encuentra en el medio de un gran eje histórico que empieza en el Louvre, pasa por el Jardin de les Tuileries (en la foto), la Plaza de la Concordia, los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo y acaba en el Gran Arco de la Défense.

Sugerencia: tomarse un helado a la luz de la luna.
Heladeria Berthillon, en la isla de Saint Louis. Tiene 70 sabores.
29-31 Rue Saint-Louis en l'Île.


Día 2

Por la mañana:

De compras por Le Marais, el viejo París: 
es el barrio de moda en la ciudad. Anticuarios, galerías de arte, exclusivos cafés y tiendas de lo más chic. Allí está una de la plazas  más bonitas del mundo (y la más antigua de la ciudad): Place des Vosges (en la foto). En el centro hay un bonito parque de tilos presidido por una gran fuente, rodeada por fachadas palaciegas. Cuando brilla el sol, sentarse en el césped y comerte algo, es sencillamente un placer cotidiano irrepetible.

Otras paradas imprescindibles: el cementerio du Père Lachaise; el Museo Carnavalet, una mansión privada que es una de las mejores sorpresas parisienses; la Casa de Victor Hugo (es gratis), el Museo Picasso, el aristocrático Hôtel de Sully o el emotivo Mémorial de la Shoah, en recuerdo de las víctimas del Holocausto judío.

Chocolat pour deux: es bien sabido que el chocolate tiene propiedades excitantes, por lo que no podía faltar en nuestro itinerario una degustación. Hay una tienda muy coqueta en Le Marais que vale la pena incluirla en la visita al barrio. La Chocolaterie Joséphine Vannier (4 Rue du Pas de la Mule). Hacen del chocolate un arte. Hay creaciones de todo tipo: instrumentos musicales (saxofones, pianos, violines y guitarras eléctricas) y zapatos (con tacones altos y bajos)  

Por la tarde:

Impresionismo y picnic en el Museo de Orsay: 
está claro que buscamos desesperadamente intimidad. Huyamos de las multitudes. Por eso el Museo de Orsay es el elegido. La verdad es que el Louvre puede ser un pelo agobiante debido a su grandiosidad. Además, en Orsay se pueden encontrar de las piezas más bellas de la historia del arte, sobre todo en el ala impresionista.

Sugerencia de 5 obras destacadas: La Noche estrellada, de Van Gogh; Almuerzo sobre la hierba, de Manet; Mujeres de Tahití, de Gauguin; El Parlamento de Londres, de Monet; Los acuchilladores del parqué, de Caillebotte.

 

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Luego, es aconsejable volver a entrar de nuevo en una de las calles laterales para tomar una baguette, queso y una botella de vino de una de las muchas boulangeries para organizar un picnic en el extraordinario Jardin des Tuileries, justo al otro lado del río.

Callejear de la mano por el Barrio Latino: hay un recorrido muy apetecible y romanticón cuando ya la tarde se está evadiendo y es llegar a los Jardines de Luxemburgo. Aseguran los entendidos que son los más bellos de la ciudad. Allí se trata de relajarse, simplemente. Sentarse en sus típicas sillas verdes como cualquier parisino y disfrutar de la compañía.

 

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Allí cerca está el Barrio Latino. Tras atravesar la Plaza de Saint Michel, en la que se encuentra una enorme fuente con la figura de San Miguel luchando con un dragón, se entra en el entramado de pequeñas y encantadoras callejuelas que componen el Barrio Latino. A partir de ahí, el objetivo es perderse. Es una de las zonas más animadas de París y, cuando anochece, se trata de un buen lugar para cenar a buen precio (hay creperías fabulosas) y tomar una copita. Aunque hay varias calles con restaurantes muy agradables, una de las principales arterias del barrio es la Rue Huchette.

Por la noche:

Despedida en el Moulin Rouge: París no sería París sin sus más famosos cabarets. Son una parte imprescindible de su personalidad. Es la vida de la Belle Époque. Hay muchos cabarets en la ciudad, pero la quintaesencia es el Moulin Rouge (82 boulevard de Clichy). Se ha convertido en una atracción turística, pero aun así vale la pena. Las lentejuelas, el cancán y los fastuosos decorados pueden ser un esplendido broche final a esta escapada romántica parisina. Y la conquista final del corazón de tu amor merece este brindís final. Y si no has llegado al corazón de tu pareja, mmhh... piénsatelo.

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