Plan para viajar a Sevilla (en 2 o 3 días)

04, 08, 2019

Planear un viaje a Sevilla no es nada fácil. Hay tantas opciones que cuesta elegir. El año pasado fue declarada, según la revista Lonely Planet, como la mejor ciudad del mundo para visitar (Best in Travel 2018), dejando atrás ciudades como Hamburgo, San Juan de Puerto Rico, Oslo o Detroit. Los argumentos que se utilizan son su fascinante centro histórico y su transformación como ciudad ecológica de bicicletas y tranvías. Y es que Sevilla tiene "duende".

Pues eso, el reto es mayúsculo: ¿qué hacer en Sevilla si tienes un par o tres días –un fin de semana, tal vez– para explorar y no perderte nada esencial de la ciudad?


Sevilla es especial, sí

Capital de la región española de Andalucía, Sevilla emana cultura, estilo de vida y arquitectura espectacular por todos sus poros. La herencia mixta de las culturas romana y musulmana dio a Sevilla durante varios siglos su intrincada arquitectura, las artesanías de oro y hierro, las instituciones de educación y el comercio sobre el río Guadalquivir. Durante la Edad Media, por varios siglos, Sevilla fue la ciudad más desarrollada y cosmopolita de toda Europa.


¿Un vuelo low cost o el AVE?

Llegar a Sevilla desde otras ciudades españolas es muy fácil. Puedes ir por carretera con el coche (o la moto), o bien coger el autobús hasta las principales estaciones de Prado de San Sebastián o Plaza de Armas. Pero lo más cómodo y rápido es decidirse entre uno de los dos medios de transporte principales: el avión o el tren.

Hasta el aeropuerto de San Pablo llegan muchas aerolíneas de bajo coste y se trata de un viaje rápido (1 hora desde Madrid y 1 hora y 40 minutos desde Barcelona) y relativamente cómodo. Existe mucha disponibilidad de billetes que no superan los 100€ ida y vuelta, incluso se pueden encontrar algunas opciones por debajo de los 50€. El AVE también es una magnífica alternativa desde ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y la mayoría de ciudades andaluzas. Tarda más que el avión (2 horas y media desde Madrid y 5 horas y media desde Barcelona), pero la gran ventaja es que el tren acaba su trayecto en Santa Justa, muy cerca del casco antiguo.

Metropol Parasol, "las Setas de Sevilla" (foto de Luca B en Unsplash)

Una buena zona donde alojarse: el casco antiguo y Triana

Sevilla cuenta con 11 distritos. Cada uno de ellos tiene su propia personalidad. Por eso, elegir una zona determinada dependerá de las necesidades de cada uno. El casco histórico es ideal, puesto que estamos cerca de todo, salvo en Semana Santa y la Feria, cuando es más difícil encontrar alojamiento. En este caso, teniendo en cuenta que vamos pocos días, que queremos tranquilidad, seguridad y una buena relación calidad-precio, nos decantaríamos por Triana. Es como una ciudad diferente, más genuina; antigua zona gitana, hoy es un lugar donde se puede respirar el auténtica acento andaluz. Está alejado del tumulto turístico y dormir es algo más tranquilo y asequible que en el casco urbano. Además, cruzando el puente de Isabel II, se llega al barrio de El Arenal, en el centro.

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Foto del barrio de Triana desde la escultura de Chillida (photo de Xavier en Flickr)

Cuándo ir

Como se suele cantar, “Sevilla tiene un color especial”, y siempre. Es un lugar mágico. Ahora bien, si no nos fijamos en si es temporada baja o alta, a nuestro parecer los mejores meses para viajar a Sevilla son marzo, abril, mayo y septiembre, cuando el clima es perfecto para recorrer la ciudad sin sufrir demasiado calor. Durante esos meses, es decir, en primavera y principios de otoño, los días son cálidos y las noches agradables, sin olvidar que hay muchas horas de luz, lo que permite aprovechar los días al máximo. Y para concretar más, nos atrevemos a decir que el mejor mes es mayo (una vez, claro está, pasada la Feria de Abril): se trata del momento en que el color de la primavera resurge con todo su esplendor, los turistas ya se han ido y los sevillanos están más tranquilos y amables. Lo dicho, ideal.


Lo imprescindible que ver en Sevilla

Lo dicho: por mucho tiempo que dispongas, Sevilla no te lo vas a acabar. Es una ciudad inabarcable. Necesitarías muchas vidas. Pero tenemos 2 o 3 días, así que éstas serían nuestras sugerencias: lo ideal es iniciar el recorrido por la Puerta de Jerez. Partiendo desde allí, dejamos a un lado el Palacio de San Telmo –sede de la Junta de Andalucía– y la Real Fábrica de Tabacos, y desembocamos en el Parque de María Luisa, donde vale la pena detenerse un buen rato y disfrutar de la maravillosa Plaza de España, que es un monumento al aire libre más que solo una gran plaza. Es impresionante, con su edificio de ladrillo semicircular, y el canal cruzado por 4 puentes con diseño morisco y colores brillantes. A lo largo del edificio, 48 bancos están decorados con azulejos de cerámica pintados que representan las provincias de España.

Plaza de España en Sevilla (foto de Joan Oger en Unsplash)

Conjunto Patrimonio de la Humanidad

Luego está el excepcional conjunto de tres visitas que son Patrimonio de la Humanidad: la Catedral de Sevilla, la más grande del mundo; el otro símbolo de la ciudad que es La Giralda, y el antiguo minarete morisco, ahora campanario de la catedral. Al subir a La Giralda tendrás algunas de las mejores vistas panorámicas de la ciudad, desde el patio de los naranjos de la Catedral y toda la zona de Santa Cruz hasta el edificio del Ayuntamiento y el Real Alcázar. Y a poca distancia está el Archivo de Indias y, sobre todo, el mencionado Real Alcázar, el tercer punto esencial que no hay que perderse.

Vista nocturna de La Giralda, en Sevilla (foto de Ana Tasis en Flickr)

 


Una arquitectura única

Los 400 años de presencia árabe en Andalucía dejaron su mayor marca en la arquitectura de la ciudad. Desde pequeños palacios, casas medievales adornadas con flores y patios escondidos hasta el impresionante Real Alcázar. El casco antiguo de Sevilla es una representación única de una ciudad de culturas mixtas. En el Alcázar, las habitaciones refrescantes, los patios adornados y los exuberantes jardines te transportarán a otro mundo. Y la ya comentada Plaza España es de una majestuosidad impresionante, en su estilo español con elementos neomudéjares como los azulejos de cerámica.

Interior del Real Alcázar de Sevilla (foto de Akshay Nanavati en Unsplash)

Callejear por Santa Cruz

Al salir de el Real Alcázar podemos dar un paseo por el barrio viejo de la ciudad, Santa Cruz, y entrar en el Hospital de los Venerables, un imponente edificio barroco que acoge el Centro Velázquez y cuya iglesia es una de las más hermosas de la ciudad, que ya es decir. Pequeños callejones sinuosos, edificios antiguos en blanco y amarillo, plazas escondidas sombreadas por naranjos y terrazas llenas de gente. Es la esencia de Sevilla, una imagen representativa de la belleza de Andalucía.

Seguimos luego descendiendo por la calle de Mateos Gago y nos sentamos en una de sus bodegas a tomar un delicioso vino de naranja. Más tarde, bordeando de nuevo la Catedral, está la Plaza Nueva, donde se encuentra el Ayuntamiento y un punto interesante para ir de tiendas, puesto que desde allí parten las principales calles comerciales como Sierpes, la más popular.


El río Guadalquivir y la Torre del Oro

Este agradable paseo a pie puede continuar hacia el Guadalquivir para recorrer una de las partes más bonitas de Sevilla, la orilla izquierda del río donde está la ovalada Plaza de Toros de la Maestranza y la Torre del Oro, donde además se encuentra el Museo Naval. La Torre del Oro, del siglo XIII, es otra de las maravillas históricas de Sevilla. Los almohades la utilizaron como torre defensiva en el margen del río y, al parecer, sostenía una cadena con el que cerrar el paso a barcos piratas e invasores. También existe otra opción para disfrutar del Guadalquivir, que es conocerlo desde un barco o crucero. Los hay con cena, espectáculo o sólo un recorrido panorámico, etc. Eso sí, no son lo que se dice baratos: por una hora se está pidiendo en la actualidad nada menos que 16€.

Torre del Oro junto al Guadalquivir (foto de Pixabay)

Triana y el flamenco

Uno de los rasgos culturales más importantes en Sevilla es el flamenco. Desde la Casa de la Memoria, que evoca la historia del flamenco, se celebran espectáculos diarios, exposiciones y conferencias. Situado en una antigua mansión del siglo XVI, el edificio es tan interesante como la cultura flamenca expuesta en el interior.

Desde un espectáculo diferente cada noche en dos representaciones hasta los bares en el barrio de Triana donde se puede presenciar un espectáculo, el flamenco es como la sangre caliente que corre por las venas de la ciudad. El flamenco ha sido catalogado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, por eso asistir a un espectáculo en Sevilla es una de las actividades más fundamentales que se puede experimentar. Esta expresión artística se inició en el barrio sevillano de Triana. Allí puedes ver un espectáculo en el bar Casa Anselma, o en la taberna más central La Carbonería, en el centro del casco antiguo.

Bailaora en un tablado flamenco (foto de Pixabay)

El arte de comer

Bares como El Rinconcillo, el más antiguo de España, son los lugares donde se inventó la tradición de la tapa. Y en Sevilla eso es un arte en sí mismo con creaciones gastronómicas sorprendentes. Algo que hay que hacer sí o sí en Sevilla es frenar, sentarse y dejarse llevar por el arte de comer: tapitas (punto de solomillo, berenjenas rellenas de gambas, boquerones fritos al limón y mero con gulas al ajillo), una de pescaíto frito y un buen gazpacho.

Tapa de arroz acompañada de una cerveza (foto de Pixabay)

Una visita a la Casa de Pilatos

Al este del casco antiguo se encuentra el barrio de El Nervión, donde hay una visita muy aconsejable: la Casa de Pilatos, un palacio del siglo XV, construido originalmente en un estilo gótico con influencias árabes que tuvo elementos del Renacimiento italiano y del Romanticismo integrados a lo largo de los siglos. Varias casas conectadas con bonitos patios interiores, llenas de obras de arte de inspiración italiana, desde pinturas hasta esculturas y decoraciones interiores.

Interior de la Casa de Pilatos en Sevilla (foto de José María Gallardo en Flickr)

Relajarse en los Baños Árabes

Una de las costumbres que más se agradecen si uno está visitando la capital andaluza es hacer un paréntesis y disfrutar de la tradición de los baños árabes, que eran un ritual muy popular hasta el siglo XVII, cuando el último baño cerró sus puertas. Los baños Aire de Sevilla se encuentran en un pequeño palacio del siglo XVI, reformado para ofrecer tres rutas termales, varios masajes y un hammam. Un tiempo de relax mientras estarás recreando una tradición pasada, de origen árabe en Andalucía, en la Edad Media.


Salir por la noche

En general, Sevilla es una ciudad con mucha fiesta. Es pura alegría. No importa mucho donde vayas en ese sentido. Lo importante es su gente. De todos modos, hay un barrio en la zona centro que está de moda últimamente: La Alameda de Hércules. Tienen una estupenda propuesta de bares y de tascas, donde se puede ir tapeando y tomando algunas copas. Y para los que no se conformen con eso y quieran más, están las discotecas, Ocean Sevilla (Av. de Montes Sierra, 24) y Antique Theatro (Matemáticos Rey Pastor y Castro), que son nuestras recomendaciones.

Interior de una taberna, donde degustar vino y tapas (foto de Pixabay)
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