Balta Parra: cuando la pasión por los viajes supera una discapacidad

09, 09, 2018

Balta tiene 52 años, desde pequeño tuvo clara su vocación, quería ser médico y así terminó estudiando Medicina. En la Facultad conoció a Marta, la que ahora es su amiga, mujer y madre de sus tres hijos: Albert de 23 años, Anna de 21 y Aleix de 17. Profesionalmente, nunca ejerció como médico, aunque siempre estuvo vinculado al sector sanitario como directivo de multinacionales.

El 1 de noviembre de 2010, todo cambió, sufrió un accidente de bicicleta a consecuencia del cual quedó tetrapléjico. No puede mover ni las piernas ni los brazos. Reinventarse fue una decisión vital entonces. Y cuando hablas con él, percibes claramente que a su alma viajera no se la puede parar tan fácilmente. Los obstáculos solo están en nuestra mente. No podemos convertirnos nosotros mismos en el principal obstáculo.

Balta con su familia en el avión

 


Un ejemplo:

Recientemente viajamos a Mauricio, me explica Balta. En internet encontramos y reservamos una excursión en barco adaptado, a las islas Gabriel y Plana. Al llegar el día, nos citaron a las 8 de la mañana en Grand Baie. Llegamos y, cómo no, la lancha que nos esperaba era completamente normal. Una popa con el casco sin ningún tipo de acceso adaptado y, para mayor dificultad, en el centro un potente y voluminoso motor fuera borda. Pero como decía al principio: con sensibilidad, voluntad y esfuerzo se adapta lo inadaptado. Entre el patrón, sus hijos que le acompañaban y mis hijos, consiguieron subirme a bordo de la lancha. Llegamos a las islas a una hora en la que nos encontrábamos completamente solos y, aunque no pude salir de la lancha, disfruté de una jornada inolvidable.

Balta sobre la lancha en Isla Mauricio

 


¿Cómo surgió tu pasión por los viajes?

En el típico viaje de final de carrera, Marta organizó nuestro propio viaje, y nos fuimos juntos a Egipto. Yo ni tan siquiera tenía pasaporte. Allí germinó la semilla de nuestra pasión compartida por los viajes. Y así se lo hemos transmitido a nuestros hijos. Viajar amplia la visión de lo cotidiano.        

No tengo ningún modelo de viaje preferido. Cada viaje tiene su momento y sus circunstancias. Lo importante es saber cómo disfrutarlo. Conocer y vivir nuevas culturas es el principal objetivo de nuestros viajes.


¿Cómo ha cambiado el accidente tu alma de viajero y tu forma de viajar?

El alma permanece, pero las circunstancias lo dificultan. Sin embargo, con ilusión, esfuerzo y colaboración prácticamente todo es posible. Se adapta lo inadaptado.

A pesar de todo, hemos ido reduciendo el espectro de viajes a destinos donde no haya que trasladarse en exceso. Antes del accidente, buscábamos destinos de largo recorrido, siempre por nuestra cuenta, huyendo de los viajes organizados. Intentando vivir, con la mayor intensidad posible, experiencias, costumbres y cultura de los países que visitábamos.

Antes por razones profesionales y ahora como escape y reto, los viajes siguen siendo nuestro lugar de encuentro como familia.


¿Algún consejo para las personas que viajan con discapacidad?

Si viajar les ilusiona, que no dejen que la discapacidad sea un impedimento. Existen destinos para todos los niveles. Se trata de buscarlos y adaptarlos, en la medida de lo posible, a tu grado de discapacidad.


¿Algún destino que sea más sensible a las personas con discapacidad? ¿Alguno con menos?

Buscando la manera de establecer algún tipo de criterio para clasificar los diferentes destinos, podríamos diferenciar entre países desarrollados y subdesarrollados, entre grandes urbes y lugares recónditos…Pero después la realidad te sorprende gratamente, allí donde las barreras arquitectónicas parecen insalvables, con voluntad y  sensibilidad humana todo es superable. El grado de discapacidad es también un factor clave.


¿Trucos en el avión?

  • En el momento del check-in: para vuelos transoceánicos, intentar conseguir asiento en el espacio destinado a las cunas para bebés es una recomendación a considerar. Especialmente en grandes discapacidades. Siempre solicitar el servicio de asistencia a personas con movilidad reducida (PMR), quedar con ellos en la puerta de embarque, que te permitan llegar hasta la puerta del avión con tu propia silla y allí hacer la transferencia a la sillita con la que los asistentes te llevarán hasta tu asiento. Antes de que la bajen a bodega, recomiendo desmontar de tu silla aquellos elementos que consideres más frágiles. Especialmente en sillas eléctricas: reposapiés, reposabrazos, mando… asegurándose  que la silla lleve su correspondiente etiqueta de equipaje facturado.
  • Dentro del avión: colocar en el asiento el cojín antiescaras (Roho) y una vez presurizada la cabina, deshincharlo hasta su presión habitual. Exclusivamente para vuelos de larga duración, consultar con tu médico, sobre la necesidad de administrarse heparina sódica.

¿Y en el hotel?

Evidentemente habitación adaptada. En general, éstas no suelen ser las mejores habitaciones.

Es importante comprobar que hay espacio suficiente, a los lados de la cama, para que la silla pueda colocarse para poder hacer cómodamente la transferencia.

En el baño, podemos encontrarnos con dos tipos de adaptaciones: en bañera (válido en parapléjico) o bien en ducha a ras de suelo. Esta sería la opción más válida para todo tipo de discapacidades.


¿Viajas en familia? ¿Cómo os organizáis?

Si, es algo que hacíamos antes del accidente y que seguimos haciendo. Además, ahora su ayuda nos es imprescindible. A veces, también organizamos viajes con amigos.

Marta se ocupa de la organización de todos los viajes. Su pasión y disfrute por viajar se inicia con la organización y planificación de estos.


¿Soléis reservar online?

Como decía, Marta disfruta con la customización de los viajes. Invierte mucho tiempo en navegar por internet: búsqueda del mejor enclave, hotel adecuado, transporte adaptado,… Intenta hacerlo todo online pero aquí es donde empiezan las dificultades.

Sirva como reivindicación señalar que, en especial e incomprensiblemente en los hoteles, es imposible reservar habitaciones adaptadas online. En ninguna web de hoteles, aparece la opción de habitación adaptada y, por supuesto, nunca en la galería de imágenes de estas. Por ello, y para conocer en detalle las características de la habitación adaptada, tienes que comunicarte via e-mail o telefónicamente. Esto es mi opinión, pero da la impresión, que el hecho de mostrarlas, restará atractivo al hotel.

Otro aspecto inconcebible son los traslados. El precio del traslado en un transporte adaptado, en la mayoría de los casos, es como mínimo el doble.


¿Qué planes tienes próximamente?

Marta siempre tiene en cartera proyectos de viajes. Algunos sencillos y otros más complicados de adaptar. Así, en fase embrionaria ahora tenemos Japón. Nos han hablado muy bien, aparte de sus atractivos, por su especial atención a personas con movilidad reducida.


¿Cuál ha sido el viaje que más te ha sorprendido últimamente?

Si me lo permites, voy hablarte de nuestros dos últimos destinos. Considero que cada destino esconde su factor sorpresa. Se trata de descubrirlo.

Mauricio: a pesar de que no era nuestra primera vez en la isla, Marta encontró un hotel en un enclave paradisiaco, que además reunía todas las condiciones para personas con movilidad reducida. Se trata del Hotel Dinarobin Beach Conver, situado frente a la imponente e histórica roca de Le Morne. Para acortar nuestro invierno, nos “escapamos” toda la familia, buscando sol, relax y buena gastronomía.

Marrakesh: en esta ocasión con amigos y el “pequeño” de nuestros hijos, encontramos un sencillo riad localizado en la Medina, totalmente adaptado y económico.  Convivías con el matrimonio que lo regentaba y con otros huéspedes. Su trato y la degustación de la gastronomía local fue una buena experiencia. La visión nocturna, del ambiente y colorido, de la plaza Jemaa El Fna, desde la terraza del Café Argana, degustando el típico Tajine, resultó ser una experiencia más que recomendable.

Balta con unos amigos en Marrakech

¿Alguna recomendación de ruta, actividad o experiencia gastronómica?

Desde Marrakesh, la visita al Valle de Ourika y la curiosidad  de un mercado Berebere. Y como contraste, la imagen de fondo del Atlas con sus cumbres nevadas.

Un tajine, cocinado exclusivamente para nosotros, en la terraza de una casa dedicada al uso por parte de una Fundación que, con muy pocos recursos, vela por la atención a niños, de todo el Valle, con diferentes tipos de discapacidad. Fue una buena manera de concluir la visita.

¡Volveremos! El desierto, pernoctando en una haima, quedó pendiente en nuestra agenda de viajes.


¿Algún secreto o descubrimiento que hayas hecho? (y que nadie deba saber)

Permuteran, región situada al noroeste de la isla de Bali. Estuvimos en una villa con piscina y jardín, a pocos metros de la playa. En esta, se estaba llevando a cabo un proyecto de repoblación coralina. Hicimos submarinismo para observarlo in situ.

Balta practicando submarinismo

¿Algún libro o manual que puede ser útil para personas con discapacidad?

No utilizamos ningún tipo de guía escrita, como decía, la búsqueda de información sobre servicios adaptados, lo hacemos a través de una exhaustiva navegación por internet. No es fácil encontrar información. Solo a través de iniciativas individuales, tipo blog. Quizá sea una de las principales razones que generan mayor incertidumbre en el colectivo de personas con movilidad reducida.


¿Algún tema o curiosidad que desees comentar?

Tengo dos. 

En primer lugar, una de amargo recuerdo: haciendo una reserva en un hotel gran lujo de Lloret, nos dieron un precio. Como online no se podía hacer, llamamos y al decir que necesitábamos una habitación adaptada, el precio se multiplicó por dos sin más explicaciones. Una sabia señora, ya fallecida y de una reconocida  familia de Barcelona, con una pequeña discapacidad, pero muy implicada en nuestra causa, al comentárselo me dijo: “Balta, en este tipo de hoteles no somos bien recibidos, afeamos el entorno”. Por suerte esto me ocurrió a los dos años del accidente y nunca más me he vuelto a encontrar en esta situación.

Para finalizar, hace un año en Kuala Lumpur, Malasia, saliendo de cenar con prisas para llegar al último servicio de transporte público que nos acercaba al hotel, en mitad del camino y ante un escalón mientras mi hijos y mi mujer me ayudaban a salvarlo, un hombre sin techo se levantó del suelo para darme limosna. Entre risas, sorpresa, -y he de reconocerlo- cierto enojo por mi parte, aquel hombre, sin saberlo, nos acababa de dar una lección:  todo en esta vida es relativo.

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