8 cosas que hacer en Mallorca si te escapas en otoño

08, 09, 2019

Sí, asumámoslo: al verano del 2019 le queda un suspiro. El próximo 23 de septiembre nos adentraremos en el otoño y nos olvidaremos del verano. Pero no hay que deprimirse: el otoño también tiene sus ventajas. La isla de Mallorca, por ejemplo, se asocia mucho a las vacaciones de verano, pero es un destino al que favorece mucho la estación otoñal. Si viajar a Mallorca siempre es un planazo, en los meses venideros aún más. El número de turistas se reduce a casi la mitad, el buen clima se mantiene (incluso se suaviza) y los precios bajan significativamente. Hoteles, actividades, restaurantes, vuelos...

Por ejemplo, encontramos mucha disponibilidad desde el mes de septiembre para billetes de avión por menos de 50€. Comparado con agosto, el descenso es fuerte. Hemos seleccionado estas tarifas a partir de 28€ para volar ida y vuelta a Palma de Mallorca. Y lo mismo sucede con el alojamiento. De hecho, es posible encontrar gangas a partir de 199€ por persona para 3 noches de hotel con vuelos y régimen de todo incluido.

Ahora bien, una vez resuelto el tema de vuelos y alojamiento, una vez allí, ¿qué hacemos?


Uno: ir al corazón de la isla en coche

Como hemos repetido en numerosas ocasiones, Mallorca es mucho más que su costa y sus playas. Tiene un interior donde descubrir la esencia de la isla. Esta “ruta de llogarets”, un recorrido de 25 kilómetros entre Inca y Orient, justamente es lo que pretende: buscar el sonido del viento, del cencerro de las ovejas y vacas y el olor a campo.

Si coges el coche, la carretera que proponemos discurre por Selva como municipio de referencia al que pertenecen este grupo de pueblos: Caimari, Moscari, Biniamar y Binibona, llogarets o aldeas con mucho encanto en las que reina el silencio y la tranquilidad. Son zonas donde se conserva la forma de vida tradicional y habitan personas que todavía se dedican a la agricultura, la ganadería y al mundo rural.

 
 
 
 
 
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Dos: sumergirse en las cuevas del Drach

Próximas a la población de Porto Cristo, al noreste de la isla, en Manacor, se encuentra una de las visitas ineludibles de Mallorca: las cuevas del Drach. Debido a las colas que se forman, ir en verano es una odisea. Por eso merece la pena pasarse en septiembre u octubre. Son unas cuevas excepcionales; a 25 metros de profundidad y con más de un kilómetro de distancia, cuentan con un conjunto de cuatro grutas (Cova Negra, Cova Blanca, Cova de Lluis Salvador y Cova dels Francesos) y uno de los lagos subterráneos más grandes del planeta —115 metros de largo—, el lago Martel, por el cual se puede pasear en barca acompañado por una música clásica de lo más inspiradora.

 
 
 
 
 
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Tres: dar un paseo por Palma

Una vez en isla, es muy aconsejable conocer Palma, su interesantísima capital. Sin prisas, pero sin pausas. Caminar y observar. En los meses de otoño, no hace calor como en verano y se camina más a gusto. Su casco histórico no es muy grande, así que lo suyo es hacer un itinerario parecido a este:

  1. Recorrer el Passeig del Born y contemplar sus casas señoriales, donde destacan el Centro de Exposiciones, Casal Solleric, un palacio de mediado del siglo XVIII de estilo barroco
  2. El siguiente paso es visitar los tres iconos del gótico levantino. La Lonja de los Mercaderes (s. XV) es la primera parada: antigua sede del Colegio de los Mercaderes, es una de las obras maestras de la arquitectura gótica en Mallorca. Está separado por un jardín del Consulado del Mar, la actual sede del gobierno autonómico, un bello edificio de marcado estilo renacentista
  3. Más adelante, para conocer la historia de Mallorca, no hay mejor visita que la del Palacio Real de La Almudaina. Sus orígenes son romanos, y tras la época musulmana fue remodelado por los reconquistadores, en este caso por Jaume III, que dio al alcázar almorávide su aspecto actual.
  4. Luego toca perderse en las inmediaciones de la Catedral, en el parque, explorando el interior de iglesias y palacetes en el casco antiguo. Destacamos que Gaudí dirigió las reformas de la Catedral a principios del s. XX y que su estilo se aprecia en muchos detalles del interior.
  5. Después alcanzamos la Plaza Mayor a través de sus calles comerciales en las que degustar unas tapas o comprar algún recuerdo. Palma oculta varios patios construidos entre el siglo XV y el XVII, verdaderos testigos emblemáticos de la arquitectura civil de la ciudad.
  6. Si te gustan los mercados de abastos de toda la vida, te sugerimos una vuelta por el Mercado de l'Olivar (971 72 03 14; horarios de 7.30 a 14.30, salvo viernes y sábados que abren hasta las 20 h), con 60 años de historia. Se ofrecen tapas excelentes de todo tipo. Pescado y marisco, embutidos y verduras. Una muy buena opción es tomarse luego una horchata de almendra en Ca'n Miquel.
  7. Y para salir por la noche, el barrio de Santa Catalina está muy de moda. En los últimos años han abierto numerosos restaurantes. Es ideal cenar por allí y después dirigirse a alguno de los pubs de la zona. Uno de los más animados es el Bar Cuba, en la calle San Magín, con dos ambientes: arriba bar de copas y restaurante y en la planta de abajo una discoteca.
 
 
 
 
 
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Cuatro: ver el Ocho de la Catedral

La Seu, la maravillosa Catedral de Palma, es espectacular en todas las épocas del año, pero es en otoño cuando es más aconsejable visitarla. ¿Por qué? El 11 de noviembre (también sucede otra vez durante el año: el 2 de febrero) es cuando se puede contemplar uno de los mayores espectáculos lumínicos de la isla: el ocho”. Se trata de una alineación perfecta entre el sol y el rosetón de la fachada. Durante unos minutos (si el sol brilla entre las 8 y las 9 de la mañana) los colores de la vidriera del rosetón se proyectan a lo largo de la nave central hasta fijarse en la fachada contraria, creando de este modo la forma de un “8”.

 
 
 
 
 
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Cinco: ir a la playa

Ocurre algo curioso en general en estos destinos de costa. Mucha gente descarta la playa cuando llega el mes de septiembre, pero hay que señalar que la temperatura del agua se mantiene muy suave hasta noviembre. En realidad, está más fría en mayo y junio que en octubre y noviembre. Por eso darse un chapuzón en una de sus preciosas calas no es una mala idea.

Si tuviéramos que recomendar una sería Caló des Moro, a 6 kilómetros de Santanyi (zona suroriental de la isla). Está perfectamente guardada, rodeada de acantilados en una zona protegida. Es una piscina natural de 30 metros de largo ubicada en una de las áreas donde la naturaleza es más virgen, con aguas cristalinas y arena blanca y muy fina. Se trata de una de las playas en las que podrás practicar nudismo.

 
 
 
 
 
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Seis: buscar setas

Dicen que cuando los turistas se marchan, salen los mallorquines. Lo que más les gusta es salir a caminar por el campo. Y si es recolectando setas, mejor. De hecho, cuando avanza el otoño, si las lluvias han acompañado, no hay viento y se han combinado con altas temperaturas diurnas y las noches cálidas, podremos encontrarlas. Es un magnífico plan para un viaje después de verano, sobre todo si vas en familia, ya que se puede disfrutar del paisaje y es divertido.

Mallorca es un buen sitio para ir a buscar setas puesto que cuenta con más de un centenar de especies comestibles. Es especialmente apreciada la seta esclata-sangs, como la conocen en Baleares. Crece muy bien en pinares y encinares y los meses más acertados para ir a buscarla son octubre y noviembre y, según la temporada, a finales de septiembre. Pero hay muchas otras opciones, como los rebozuelos, boletus, trompetillas o níscalos. Y claro, luego toca comérselas. La seta tiene un papel protagonista en la gastronomía mallorquina: por ejemplo, el arroz meloso con esclata-sangs, las manitas de cerdo rellenas de setas, los salmonetes con boletus...

 
 
 
 
 
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Siete: en barca al paraíso de Sa Dragonera

Se cree que su nombre procede de traco-traconis (traconaria, dragonera). Significa "hendidura en la tierra, pasos subterráneos" haciendo referencia a la hendidura con agua dulce en una cueva de la isla, y no, como se suele pensar, a los "dragones" (nombre que se da a las lagartijas en Baleares).

Sa Dragonera, que pertenece al Consejo Insular de Mallorca desde 1987, es un islote de 4 kilómetros de longitud y una anchura máxima de 1 kilómetro. Se encuentra a unos 700 metros de la costa. Fue declarada Parc Natural el 26 de enero de 1995. Está situada al oeste de la isla de Mallorca. Tengamos en cuenta que se ubica en una de las rutas de migraciones de aves acuáticas del continente europeo, lo que la convierte en un excepcional observatorio natural durante los meses de otoño y primavera. ¡No os olvidéis de los prismáticos!

La única manera de llegar es en barco. Uno propio o con varias compañías que realizan el servicio de traslado. Se llega desde Sant Elm o Port Andratx. La isla tiene un pequeño puerto natural con un embarcadero en Cala Lladó. Por eso debemos pensar en un puerto cercano si queremos hacer una excursión a Sa Dragonera. El puerto de Andratx puede ser una magnífica elección, ya que es un puerto natural y hay muy buen ambiente.

 
 
 
 
 
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Y ocho: hacer senderismo por Serra de Tramontana

Al que le guste caminar, la Sierra de Tramuntana, al norte de la isla, es Patrimonio Mundial de la UNESCO y cuenta con especies vegetales endémicas. Pinos, encinas y carrascos te acompañarán durante el trayecto. Es un camino montañoso y con curvas, pero su carreteras son bastante amplias y el paisaje otoñal es una pasada, bajo un amplio cielo azul.

Te aconsejamos pasar por pueblecitos con encanto como Valldemossa, Deia, Soller y Fornalutx. Dentro de esta ruta, tenemos uno de los tramos de carretera más impactantes de la isla: la bajada de 4 km hacia la cala de Sa Calobra. La cala se formó por los cantos rodados que arrastra el torrente Pareis. Está rodeada de paredes de roca de hasta 200 metros de altura y, gracias a su diversa fauna y flora, fue declarada Monumento Natural por el gobierno balear.

 
 
 
 
 
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