48 horas en Roma: guía para viajar barato

02, 04, 2018

Roma es una de las ciudades más solicitadas por los viajeros de todo el mundo. De hecho, se trata de la segunda ciudad –después de Estambul– más visitada por los españoles. No en balde, en su momento fue la capital del mundo. Hoy es el centro espiritual del mundo cristiano y puede presumir de reunir más de 2.500 años de arte y arquitectura. Es la ciudad eterna.

Perfecta para una escapada de fin de semana, 2 días, 48 horas.

Esta guía te interesa si tienes pensado viajar a Roma, si vas a hacerlo durante un pocos días y, sobre todo, si tienes un presupuesto ajustado. La idea es gastarse lo menos posible y, si es posible, casi nada.


Cómo llegar

  • Por aire: hay 2 aeropuertos principales, Fiumicino, a 30 kilómetros del centro, y Ciampino, a 15 kilómetros. Este último es el aeropuerto al que llegan los vuelos baratos de Ryanair.
  • Por agua: Grimaldi tiene barcos hasta el puerto de Civitavecchia, a poca distancia de Roma (y puedes meter el coche, a veces incluso gratis)

Sugerencia para moverse por Roma: alquilar una moto es una excelente elección (cuesta entre 15 y 20€). Te permite recorrer la ciudad y evitar el espeso tráfico que la invade. Es rápido, lo que conviene cuando tienes el tiempo muy limitado.


Día 1

Por la mañana: una forma muy aconsejable de empezar es andando por el centro histórico de la ciudad. Respirar hondo. Contemplar. Admirar. Un buen punto de partida es Piazza Spagna y su conocida escalinata con sus 135 peldaños (parada de metro: "Spagna"). En lo alto se encuentra la iglesia de Trinitá dei Monti en la que se puede disfrutar de una de las vistas más fantásticas de la capital. Para los que estén pensando en ir de shopping, en esta zona de estrechas y pequeñas callejuelas está Vía Condotti, donde se concentran numerosas tiendas de lujo como Giorgio Armani, Gucci o Prada, entre otras.

Luego, no hay que perderse los siguientes monumentos:

  • La Fontana di Trevi: bueno, aquí ya se sabe, hay que seguir la tradición: tirar una moneda de espaldas al agua y pedir un deseo y desear que se cumpla algún día.
  • El Panteón de Agripa (en la foto principal): no de los templos de la antigua Roma mejor conservados, construido por el Emperador Adriano en el 126 d.c.
  • Piazza Navona (en la foto): 2 iglesias barrocas obligadas, San Luis de los Franceses y la obra San Mateo y el Ángel de Caravaggio y Sant´Ivo alla Sapienza de Borromini. Y las fuentes de Bernini.

Sugerencia para comer barato: como hay bastante prisa y hay que ahorrar lo mejor es una pizza al taglio. Un buen sitio es Pizza MAMI (Via della Pace, 27A,), donde sirven una de las margheritas más sabrosas del mundo, o eso dicen.

 

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Por la tarde: vale la pena dedicarla al majestuoso Coliseo de Roma, otra de las construcciones mejor conservadas de la arquitectura romana (72 d.c) y una de las siete maravillas del mundo. Con su aforo para 50.000 personas muestra la inmensidad de lo que fue aquella civilización hace dos milenios. Tras el Coliseo, se alza con sus 21 metros de altura, el Arco de Constantino. En fin, se trata de pasear y visualizar cómo debía de ser la vida en la antigua Roma.

¡Ojo! Es gratis: desde la parte trasera del Palazzo Senatorio, que corona la Piazza del Campidoglio, tienes la posibilidad de contemplar el Foro desde una posición privilegiada.

Después hay que ir al Monte Palatino, donde la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo, y donde entre exquisitos jardines se puede visitar un museo al aire libre con las ruinas de los palacios de los romanos más ilustres, como Octavio Augusto, primer emperador romano.

Y para ponerle la guinda al pastel, hay que darse una vuelta por el Foro Romano (Via dei Fori Imperiali), donde todavía se conservan el Arco de Tito y el de Séptimo Severo, y los templos de Rómulo, Cástor y Polux, además de las extraordinarias columnas de Saturno. En la parte del Foro Imperial destaca la bellísima columna Trajana con sus bajorrelieves que narran las míticas batallas del emperador trajano sobre Dacia.

 

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Por la noche: después de un breve descanso en el hotel, vale la pena ir a cenar al encantador barrio de Trastevere. Es ideal. Hay que buscar un restaurante para cenar y luego pasear tranquilamente por sus callejuelas medievales. En la Piazza di Santa Maria y su basílica encontrarás siempre ambiente.

 

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Sugerencia para cenar barato:  Trattoria Da Enzo (Via dei Vascellari, 29). Un clásico. Muy recomendable la pasta carbonara, precios muy económicos teniendo en cuenta la calidad de la comida.

Para la postcena la propuesta sería una caminata nocturna por la orilla del río Tiber. El alma de la ciudad. Cruzar sus maravillosos puentes Cestio y Fabricio, que conectan con la Isla Tiberina, o el puente Sant’Angelo, cuyos ángeles te dan la bienvenida al Castel Sant’Angelo.

 

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Día 2

Por la mañana: toca ejercitar el espíritu en la ciudad-estado del Vaticano. Y pronto. Lo mejor es ir a primera hora, ya que se forman largas colas para entrar. El esplendor de la Plaza San Pedro es brutal. Diseñada por Bernini entre 1656 y 1667, da entrada (es gratis) a la Basílica de San Pedro. Esta iglesia, repleta de símbolos y misterios como la puerta Santa que sólo se abre en años jubilares o las llaves de Urbano VIII, destaca por su enorme Cúpula que, aunque fue idea de Miguel Ángel, concluyó después de su muerte. Desde lo alto de la cúpula, a 136 metros de altura, se pueden contemplar unas vistas espectaculares de Roma.

 

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Luego tienes la opción de entrar a los Museos Vaticanos y ver la Capilla Sixtina (hay que comprar entrada; mejor por internet para evitar colas). Ah, atentos a la Guardia Suiza. Al acabar, si coges la Vía della Conciliazione alcanzarás el Castillo de Sant´Angelo –se puede acceder al interior– y su puente, uno de los más bonitos de la ciudad.

Sugerencia para un tentempié: hay que detenerse en el Mercato Centrale de la Estación de Termini. Te aconsejamos catar el trapizzino (un plato romano elaborado con la masa de la pizza rellena de pollo alla cacciatora o burrata y sardinas, etc). Además de los helados, quesos, chocolates o vinos y otros tentempiés típicos italianos.

 

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Por la tarde: como se suele decir "Para gustos, los colores". Roma es inacabable. Sin embargo, es especialmente interesante visitar uno de sus secretos mejor escondidos en el mismo centro de la ciudad: las catacumbas. Construidas por los cristianos en el siglo II, en tiempos de las persecuciones, puesto que no se les permitía ser enterrados en la ciudad. Se trata de una especie de ciudad subterránea con unos 150 kilómetros de tumbas. De las 60 que hay actualmente sólo hay abiertas cinco: las de San Sebastián con 12 kilómetros; las de San Calixto con 20 kilómetros; las de Priscila, una de las más antiguas; las de Santa Inés cuyo nombre hace honor a una mártir cristiana; y por último las de Domitila, que son las más extensas de Roma.

Por la noche: no puedes dejar Roma sin pegar un chupetón a un buen gelato. Es un rito innegociable. Cerca de donde asesinaron a Julio César, aconsejamos probar uno tradicional en la Gelateria Corona (Largo Arenula 27, Largo Argentina).

Luego vamos a poner rumbo a una de las zonas más animadas de Roma cuando cae la noche: Campo dei Fiori. Allí reina la estatua del astrónomo Giordano Bruno, quemado como hereje en 1600 por sus avanzadas teorías cosmológicas. Es verdad que se trata de un mercadillo centenario muy recomendable para ir por las mañanas y comprar un souvenir en forma de pasta o especias para familiares y amigos, pero también es un lugar para tomar el pulso a la alegría y el bullicio de la Roma noctámbula.

Es un buen plan para tomar algo a buen precio. Aunque antiguamente era una plaza donde se realizaban ejecuciones públicas, en la actualidad se ha dado la vuelta a la situación y es un lugar que se ha colmado de vida, punto de encuentro de jóvenes y turistas: hay restaurantes baratos y bares para tomar una copita de despedida. Y de hecho, suele haber músicos callejeros que suenan bastante bien.

 

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Sugerencia para despedir la ciudad: sí, en serio, el Bus Turístico no es para nada una mala idea si quieres observar la ciudad iluminada. Impresiona, la verdad. En una hora y media aproximadamente podrás ver todo otra vez (incluso lo que no has tenido tiempo), sin cansarte y, además, te dan unos auriculares donde te comentan la visita. Con paradas libres, el ticket cuesta unos 30€.

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